Trump pierde la guerra comercial contra China

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Después de un año del comienzo de la guerra comercial, el Gobierno de Donald Trump parece haber perdido la batalla contra China. La escalada de la confrontación provocaría un desempleo masivo en Estados Unidos. Por lo tanto, el presidente decidió no poner aranceles sobre todas las transacciones comerciales con el gigante asiático.

Con el riesgo de perder las elecciones presidenciales el próximo año, Trump no tiene más balas para disparar contra China, de suerte que no podrá forzar a Pekín a firmar un acuerdo que detenga su desarrollo tecnológico.

Al comprar productos chinos más caros por los aranceles, las empresas norteamericanas han aumentado los precios de sus productos además de reducir el número de plazas de trabajo. A raíz de la aplicación de aranceles, las familias pagarían 831 dólares por el aumento de los precios de forma anual, aparte de que habría una pérdida de 2.160.000 de empleos en un período probable de uno a tres años. En esta confrontación comercial, las empresas afectadas han sido principalmente las industrias dependientes de los productos chinos como la energía, los electrónicos, la aeroespacial, el automotriz, que juegan un rol vital para la economía de Estados Unidos.

El pasado mes de junio, el Gobierno norteamericano reculó en su política ofensiva contra China retirando a la empresa Huawei de la lista de entidades que ponen en riesgo la seguridad nacional de Estados Unidos de acuerdo con la Oficina de Industria y Seguridad. La empresa china habría tenido que tramitar licencias con el Gobierno norteamericano para comprar la tecnología de Estados Unidos; con lo cual habría reducido las ventas de teléfonos móviles aparte de que la compañía pudo haber perdido acceso a las actualizaciones de Google. Sin embargo, esta respuesta hubiera tenido un efecto contraproducente para las empresas estadounidenses como Qualcomm, Intel y Micron, que tienen grandes negocios con Huawei.

Como prueba de ello, la aplicación de controles sobre las exportaciones de las empresas norteamericanas hacia China causaría una caída de ventas de 56.300 millones de dólares; cifra que se traduciría en una pérdida de hasta 74.000 empleos en cinco años. En consecuencia, las empresas chinas buscarían comprar a otros proveedores como Japón, Corea del Sur y Europa.

Además, el Gobierno chino amenazó con establecer su propia lista de empresas no confiables de Estados Unidos, acción que reduciría sus negocios en China. Las empresas estadounidenses quedarían rezagadas con respecto a las demás compañías trasnacionales por el recorte de sus ingresos para la inversión en innovación e investigación.

Además las corporaciones chinas ya no producen únicamente productos estandarizados y baratos para el mercado mundial. Por el contrario, los empresarios están invirtiendo en investigación para la creación de nuevas tecnologías; contratan personal calificado egresado de universidades extranjeras con excelente nivel académico; venden sus productos a una clase media interesada en tecnología sofisticada como las redes de comunicación 5G, la inteligencia artificial, entre otras. La dependencia tecnológica de China no durará un período prologando; con lo cual estará inmune frente a las sanciones económicas de Estados Unidos.

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