SILVIA RIVERA; INDIO MALO DEBE SER VENCIDO; INDIO BUENO SOLO OPRIMIDO

In Bolivia, CatArtBolivia, Principal

Por Eliseo Cabral (*)

Silvia Rivera declaró en un Foro que la Agencia para el Desarrollo de las Macroregiones y Zonas Fronterizas (Ademaf) lo manejaría el actual embajador de Bolivia en Cuba Juan Ramón Quintana, con el objetivo de lavarles el cerebro a los indígenas y apropiarse de su cultura y de sus territorios ancestrales.

Pero desmentiremos a Rivera con ejemplos sacados de la historia reciente, para establecer de quienes verdaderamente fueron los que negaron los derechos de los pueblos originarios, se apropiaron de territorios indígenas para depredarlos, abrieron las fronteras del país y denostaron su lengua y su cultura o se aprovecharon de la causa india con recetas paternalistas y de ONGs: fueron los partidos conservadores del pasado, los liberales y neoliberales, ciertos intelectuales, la Iglesia Católica y las grandes empresas agroforestales, afines a aquellos partidos y al capital trasnacional.  En ese afán descuidaron las fronteras, ‘oficializaron’ las culturas y uniformizaron las creencias, en otras palabras vaciaron al Estado de contenido múltiple y heterogéneo; es decir de territorialidad y de diversidad.

La paranoia esquizoide republicana de ver fantasmas no es nueva, en sentido de que el gobierno quiere ocupar, como un ejército extranjero, los territorios indígenas. Precisamente, por carecer en el pasado de geopolítica interna y de Estado se perdieron grandes extensiones de territorio: Acre, Chaco, y el peor golpe a la nación boliviana: la pérdida de la costa marítima impulsada por el imperialismo británico. Bajo esa óptica ¿sería mejor que los ingleses resguardasen nuestras fronteras? En ese sentido la crítica de Rivera a Juan Ramón Quintana es una parafernalia lindante con la difamación.

La Agencia para el Desarrollo de las Macroregiones y Zonas Fronterizas fue creada el año 2010, con el objetivo de ‘generar desarrollo en las llamadas macroregiones (8): amazonía, chaco, chiquitanía- pantanal, el altiplano, los yungas, los llanos y los valles, y 36 zonas fronterizas’. Toma en cuenta, de forma integral, aspectos sociales y económicos, culturales, asistencia social y humanitaria trabajando conjuntamente con organizaciones sociales e instituciones afines. Su creación llena el vacío institucional en zonas sensibles, basado en dos pilares fundamentales: Seguridad de Fronteras y Desarrollo de Fronteras. Bolivia tiene 5 mil Km de fronteras, prácticamente olvidas por una república incapaz de sentar soberanía, ya sea poblando u otorgando más recursos frente a vecinos más poderosos tanto militar como económicamente. Después de los hechos de El Porvenir, en Pando, Ademaf no fue una creación de Juan Ramón Quintana sino una planificación estratégica del Estado Plurinacional, justamente para resguardar la integridad de Bolivia de los separatistas de la llamada Media Luna frente a un indio en el poder.

Un paternalismo contradictorio. A Silvia Rivera le gustan los indios, excepto cuando están en el poder; ya antes acusó a Víctor Hugo Cárdenas, del MRTKL de ser un informante de Goni sobre los indios. Le gusta que los indios sean siempre gobernados, es una constante en su pensamiento dual: colonizadora-colonizada, y la de buscar siempre la imposibilidad de que un indio pueda gobernar. Pero la ‘cuestión indígena’, para Rivera, es simbólica, y como dijo alguien: ‘no es lo mismo escribir sobre Macondo que vivir en Macondo’. En ese sentido, es parte de la elite intelectual y criolla boliviana que defiende a los indios desde su poltrona universitaria, pero calla cuando los del 21 F denuestan a la Wiphala. La suya es una rara manera de hablar de descolonización pero con una educación escolástica y occidental, servil al conservadurismo que se incubó en Charcas. En pleno siglo XXI, el idioma aymara fue víctima de un intento de ‘gloticidio’ por curas fieles a esa educación escolástica, propia de los jesuitas, especialmente de Eduardo Pérez, quien alentó desde Fides la permanencia del castellano como única lengua oficial (en detrimento del aymara, lengua de ignorantes como la llamó Pérez). Sin embargo hoy, en nuestras regiones, sobre todo en las fronteras, cada etnia tiene su propia lengua y cultura y la manifiesta ahora de forma abierta, sin miedo a que aparezcan otras propuestas de ‘salvar de la barbarie’ a los indios castellanizándolos o catequizándolos en Misiones.

La respuesta que Rivera buscó en la teoría indianista y nacionalista revolucionaria, el hoy denostado MAS la hizo realidad. Somos un Estado Plurinacional con igual derecho para todos, pero de protección a los tradicionalmente más vulnerables: a los indígenas que viven en esas microrregiones y zonas fronterizas. ¿Acaso Silvia Rivera quiere que los indios vivan como en tiempos pretéritos en sus territorios, hoy recuperados? Los nostálgicos de la república así lo esperan; en cambio estuvieron a punto de hacer implosión con la propia república, ignorando, en su visión enclaustrada, que las fronteras son el punto más sensible para un país; caso contrario no hubieran proclamado su política de ‘fronteras abiertas’ durante la capitalización, cuando vendieron las empresas estatales estratégicas, nada menos, a extranjeros. Con esa política, además, llegó el contrabando de ropa usada, medicamentos vencidos, alimentos pasados y hasta juguetes usados que tiraron los niños del primer mundo y transformes. Las fronteras abiertas nos convirtieron en depósito de chatarra. Esta política conllevó, por ej., a que la red de ferrocarriles sea vendida a una empresa chilena. Así era la realidad: de indefensión y sometimiento.

Cuando se dice que hubo una gran movilización por el Tipnis, no fue como la gran marcha indígena de tierras bajas Por el Territorio y la Dignidad (septiembre 1990), durante el gobierno de Jaime Paz Zamora (1989-1993); esta gesta fue para reclamar derechos y visibilidad y que llegó a la capital política, La Paz, pese a la negativa de Paz Zamora de recibirlos. Pero en lugar de que se apliquen las leyes conseguidas en 1992 se desataba el escándalo de Bolibras (1992),una empresa fantasma creada por un militar, que vendió cien mil hectáreas en Santa Cruz y a un precio que oscilaba entre dos mil a diez mil $us por hectárea a súbditos brasileños, colonos menonitas y empresarios privados.

En respuesta a Rivera, la marcha por el Tipnis fue aprovechada por los políticos reaccionarios opositores para hacer bandera por los jóvenes de las clases medias movilizadas. La ecología no les preocupaba. ¿Una prueba histórica de las políticas neoliberales del pasado en contra del medio ambiente? Luis Flores en La primera marcha indígena contemporánea de Bolivia (Revista Andina de Estudios Políticos Vol III, No 1) refiere que a través de autorizaciones gubernamentales, desde 1985-1993, se vulneró la Ley General Forestal por empresas madereras vinculadas al Pacto por la Democracia y al Acuerdo Patriótico (MNR-MIR -ADN, etc.), que comenzarían con una depredación sin precedentes de los bosques en siete departamentos, incluido Cochabamba donde está el Tipnis. Durante su gobierno Victor Paz Estensoro firma el Decreto Supremo No 21483 que levanta la reserva de Chimanes, y ya durante el gobierno de Jaime Paz Zamora, mediante Decreto Supremo No 23022, entregaría todas las concesiones forestales de la provincia Iturralde de La Paz a las empresas madereras. El ministro de Planeamiento de Paz Zamora era Samuel Doria Medina. En cuanto a Gonzalo Sánchez de Lozada- Víctor Hugo Cárdenas (otro activista del Tipnis) el bosque chiquitano fue depredado para construir un ramal del gasoducto que lleve gas, y a precio regalado, a la mina de oro de Goni, llamada Don Mario. Por supuesto el otro activista por el medio ambiente, Roger Cortés no dijo nada: era consultor de Goni.

Hoy las cosas han cambiado: hay resguardo de fronteras, respeto a las culturas y creencias; pero los sectores conservadores y reaccionarios bolivianos quieren al indio que es bueno: por ej. Víctor Hugo Cárdenas, el Felipillo de Goni, éste es el indio al que hay que reivindicar en su papel de pongo útil, siempre dispuesto a obedecer; en cambio al indio, que ellos consideran malo: Evo, es el indio al que hay que derrotar.

 

(*) Eliseo Cabral es licenciado en Humanidades y miembro de la comunidad antiimperialista.

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