RECALQUEMOS LA DOCTRINA MONROE PARA AMÉRICA, UN EJEMPLO: EL GOLPE DE ESTADO A ALLENDE

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El 11 de septiembre de 1920, el candidato republicano a la presidencia, Warren Harding, luego presidente de los Estados Unidos, declaró en un discurso que la Doctrina Monroe

No es un tratado de arbitraje ni de acuerdo regional. Es la declaración franca, cabal, intrépida de los Estados Unidos, la cual constituye una advertencia para que las naciones europeas no ejerzan una influencia indebida o apliquen una presión impropia sobre las impotentes repúblicas del Hemisferio Occidental.

El 11 de septiembre de 1973, los militares chilenos a la cabeza de Augusto Pinochet derrocan al gobierno de Salvador Allende, quien además fue asesinado durante la lucha. Aquí, algunos de los catorce puntos emitidos en la “justificación” de los militares para derrocar a Allende:

Teniendo presente:

Primero, que el gobierno de Allende ha incurrido en grave ilegitimidad demostrada al quebrantar los derechos fundamentales de libertad de expresión, libertad de enseñanza, derecho de huelga, derecho de petición, derecho de propiedad y derecho, en general, a una digna y segura subsistencia.

Sexto, que también, reiteradamente, han quebrado el mutuo respeto que se deben entre sí los poderes del Estado, dejando sin efecto las decisiones del Congreso Nacional, del Poder Judicial y de la Contraloría General de la República, con excusas inadmisibles o sencillamente sin explicaciones.

Décimo, que existe en el país anarquía, asfixia de libertades, desquiciamiento moral y económico y, en el gobierno, una absoluta irresponsabilidad o incapacidad que ha desmejorado la situación de Chile, impidiendo llevarla al puesto que por vocación le corresponde dentro de las primeras naciones del continente.

Décimo segundo, que estos mismos antecedentes son a la luz de la doctrina clásica que caracteriza nuestro pensamiento histórico, suficientes para justificar nuestra intervención en deponer al gobierno ilegítimo, inmoral y no representativo del gran sentir nacional, evitando así los mayores males que el actual vacío del poder pueda producir…

Firmado: Junta de gobierno de las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile. Santiago, 11 de septiembre de 1973.

Víctor Jara escribió, luego de ser arrestado y antes de ser torturado y asesinado:

¡Qué espanto produce el rostro del fascismo! Llevan a cabo sus planes con precisión artera sin importarles nada La sangre para ellos son medallas La matanza es un acto de heroísmo

Lo de Allende queda inscrito en la memoria revolucionaria como uno de los más nefastos hechos que produjo el imperialismo en contra del pueblo chileno y latinoamericano. Eduardo Galeano plasmó de esta manera aquél hecho:

Le gusta la buena vida. Varias veces ha dicho que no tiene pasta de apóstol ni condiciones para mártir. Pero también ha dicho que vale la pena morir por todo aquello sin lo cual no vale la pena vivir.

Los generales alzados le exigen la renuncia. Le ofrecen un avión para que se vaya de Chile. Le advierten que el palacio presidencial será bombardeado por tierra y aire.

Junto a un puñado de hombres, Salvador Allende escucha las noticias. Los militares se han apoderado de todo el país. Allende se pone un casco y prepara su fusil. Resuena el estruendo de las primeras bombas. El presidente habla por radio, por última vez:

Yo no voy a renunciar Colocado en un trance histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos no podrá ser segada definitivamente. Tienen la fuerza. Podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales con el crimen ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos…

Trabajadores de mi patria: Tengo fe en Chile y en su destino, Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse.

Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

¡Viva Chile, viva el pueblo, vivan los trabajadores! Éstas son mis últimas palabras. Tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano.

 

Gregorio Selser. (1994) Cronología de las intervenciones

extranjeras en América Latina. Tomo III y Tomo IV.

Equipo CiA.bo

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