¿PINOCHET DEJA EL PODER?

In Calendario Latinoamérica

El 11 de marzo de 1990 terminan los dieciséis años de dictadura militar de Augusto Pinochet.

El 11 de marzo de 1990, Chile volvió a ser una democracia. El general, que había liderado el golpe de Estado que el 11 de septiembre de 1973 derrocó y acabó con la vida del legítimo presidente Salvador Allende, perdió el poder de una forma ciertamente irónica para un militar: mediante un referéndum.

Las potencias occidentales, recelosas de la propuesta socialista de Allende, vieron con buenos ojos el ascenso al poder de Pinochet en 1973. El régimen militar redactó una Constitución que se aprobó en 1980 y que otorgaba al dictador un mandato de ocho años, después de los cuales las autoridades debían proponer un candidato que sería sometido a un plebiscito popular (un candidato que finalmente sería el propio Pinochet, por supuesto). Con los resortes del poder en sus manos y todo el aparato propagandístico gubernamental a sus órdenes, poco podían esperarse los miembros del gabinete de Pinochet que dicho plebiscito terminaría tumbando al dictador.

Y sin embargo, así fue. Los opositores al régimen militar iniciaron una brillante campaña propagandística basada en la alegría y la ilusión frente a la política represiva del régimen. Los partidarios del ‘no’ a Pinochet no se limitaron a denunciar los abusos de la dictadura, sino que hicieron especial hincapié en las ventajas de la democracia y la libertad: su campaña, más que alrededor de lo negativo del régimen, giró alrededor de lo positivo del cambio.

El plebiscito obligó a que Pinochet llamara a elecciones generales. Estas dieron como ganador a Patricio Aylwin que asumió la presidencia el 11 de marzo de 1990. Aun así Pinochet no dejó el poder. En la práctica, no obstante ello, varias disposiciones constitucionales de restricción democrática continuaron en vigor, como su propio nombramiento como jefe de las fuerzas armadas por medio del Consejo de Seguridad Nacional, vedado de decisiones civiles, o la imposibilidad legal de juzgar los actos de la junta gracias a la ley de amnistía del 19 de abril de 1978, confirmada el 18 de enero de 1990 por el Tribunal Constitucional.

En una democracia vigilada iba a disponer de una cuota de autonomía considerable: supervisaba los planes de modernización y de profesionalización del ejército, así como los programas de renovación de armas. Hasta amenazó en ocasiones al poder civil sin reparar ni en la transición del poder a otro demócrata cristiano, Eduardo Frei, en marzo de 1994.

En 1998, antes de que fuera detenido en Londres, el generalato iba a concederle el título honorífico de comandante en jefe benemérito del ejército de Chile. Por una sentencia del juez Ronald Bartle, en el ministro del Interior británico, Jack Straw, recayó la decisión de extraditarlo a Madrid o dejarlo en libertad por razones humanitarias. El resultado de un examen médico confidencial realizado por cuatro médicos derivó en su repatriación a Santiago, en donde, apenas descendió del avión en silla de ruedas, soltó el bastón e improvisó una cueca. Era el miércoles 3 de marzo de 1999. Síntomas de demencia senil no parecía tener.

Lanacion.com.ar

Vice.com

Deja una respuesta:

Su dirección de correo electrónico no será publicada.

Mobile Sliding Menu