LA DOCTRINA MONROE EN LA GUERRA FRÍA

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Tras el fin de la II Guerra Mundial, en el encuentro de Yalta, EEUU creyó fervientemente que ya era dueño de América Latina con el inicio de la Guerra Fría. Así lo expuso el presidente norteamericano Harry Truman que es históricamente comprobado como un furibundo anticomunista. Sus discursos y acciones proimperiales se conocen como la Doctrina Truman, que modernizó la Doctrina Monroe (de América para los americanos, lanzada en 1823) porque no solo se autoproclaman con el derecho de intervenir en los asuntos de América Latina sino que también proponen que sus actos injerencistas pueden y deben realizarse en cualquier parte del mundo donde así lo requieran sus intereses pecuniarios.

El pronunciamiento fundamental de la Doctrina de Harry Truman se produjo el 12 de marzo de 1947 cuando declaró que su gobierno no permitiría cambios en la situación internacional y que para ello emplearía la fuerza, de ser necesario. Ante el Congreso estadounidense dijo:

En la actualidad casi todas las naciones se ven en la necesidad de escoger entre sistemas de vida opuestos, y la elección muchas veces no es libre. Uno de los modos de vida se basa en la voluntad de la mayoría y se caracteriza por instituciones libres, gobierno representativo, garantías de libertad individual, libertad de palabra y voto, y ausencia de opresión política.

El segundo modo de vida se basa en la voluntad de una minoría impuesta por la fuerza a la mayoría. Se apoya en el terror y la opresión, en una prensa y radio controlados, en unas elecciones amañadas y en la supresión de las libertades personales. Creo que la política de los Estados Unidos debe encaminarse a apoyar a los pueblos libres que resisten a las imposiciones de minorías armadas o presiones exteriores.

Resulta irónico y paradójico que las acciones previas y posteriores al discurso de Truman hayan sido de intervención militar y política en varios países de Latinoamérica. Basta recordar que pocos años después (1954) Estados Unidos determinó que no era conveniente a sus intereses el gobierno de Jacobo Arbenz, un gobierno libremente elegido por el pueblo y que favorecía la igualdad social.

Luego de que Arbenz realizó la reforma agraria en beneficio de los campesinos pero a costa de la empresa frutera UnitedFruit (que acumulaba el 90% de las tierras pero que no cultivaba sino menos de la mitad), la CIA y el Departamento de Estado planificaron el golpe paramilitar que depuso a Arbenz. Un golpe planificado desde que asumió el poder en 1951.

El 12 de marzo de 1953, SpruilleBraden, exsubsecretario de estado gringo y jefe de relaciones públicas de la UnitedFruit, sentó la tesis de que la intervención que se estaba planificando, “no tiene que ser considerada como un acto de intervención sino como una acción armada contra un país americano que constituye un peligro comunista”.

Gregorio Selser. Cronología de las intervenciones extranjeras en América Latina. Tomo IV.

 

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