La Amazonia lleva 16 días ardiendo, y Bolsonaro se lo toma a broma

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El fuego consume el ‘pulmón del planeta’ desde hace semanas. Y muchos lo atribuyen a la deforestación promovida por las políticas del presidente

Algo excepcional ocurre cuando en Sao Paulo “anochece” de golpe a las tres del mediodía.

Los incendios forestales están consumiendo el Amazonas a una voracidad inusitada y sus efectos se notan en el cielo de la ciudad más poblada del país, situada a 2.700 kilómetros de distancia. La humareda estos días es tan descomunal que se observa desde el espacio, tal y como demuestran estas imágenes de la NASA.

Brasil vive la mayor oleada de fuegos de los últimos siete años. El Instituto Nacional de Estudios Espaciales (INPE) ha registrado 71.497 focos en lo que llevamos de año, lo que supone un incremento del 83% respecto al mismo periodo del año pasado. También se trata de la mayor cifra nunca contabilizada desde que se empezaron a hacer los registros.

Según los cálculos del organismo estatal, de los incendios registrados hasta el 18 de agosto, 38.228 fuegos, o el 52,5%, fueron detectados en estados de la selva del Amazonas.

El estado más afectado, con 13.641 focos, es el de Mato Grosso, que ocupa buena parte del Amazonas. Otros estados como Rondônia, Amazonas y Pará también han declarado la emergencia ambiental. Solo en la última semana los focos de incendio han afectado a 68 áreas protegidas por ser reservas ambientales o indígenas.

Y eso que la temporada de incendios no ha hecho más que empezar.

Los incendios forestales son comunes en la amazonia brasileña durante la estación seca, que abarca de agosto a octubre y cuyo pico se alcanza a mediados de septiembre. Pero el INPE ha alertado que las cifras de este año no pueden atribuirse únicamente a la estación o a fenómenos naturales. “No hay nada anormal en el clima este año o las lluvias en la región amazónica, que están un poco por debajo del promedio”, ha explicado el investigador del INPE Alberto Setzer en un comunicado.

Muchos especialistas ambientales atribuyen el aumento de los incendios a la creciente deforestación que sufre el bosque tropical más grande del planeta. Una deforestación que llevan a cabo —muchas veces de manera ilegal— terratenientes, agricultores y criadores de ganado, y que ahora también secunda el propio presidente del país, Jair Bolsonaro.

REUTERS/Bruno Kelly
Un hombre trabaja en un tramo en llamas de la selva en Iranduba, estado de Amazonas, Brasil. REUTERS/Bruno Kelly

Desde que llegó al poder, el pasado 1 de enero, Bolsonaro ha introducido un giro radical en la política medioambiental, dirigida a defender los intereses económicos por encima de los ambientales. El político ultraderechista ha introducido medidas medioambientales flexibles para favorecer las explotaciones mineras —incluyendo las situadas en reservas indígenas—, la industria maderera y el negocio agrícola.

El impulso a la tala de árboles por parte del Gobierno brasileño ha provocado que países como Noruega y Alemania retiren sus ayudas al Fondo Amazonia, el mecanismo de cooperación internacional dedicado a la protección ambiental en Brasil. Se trata del organismo que más recursos ha aportado para reducir los gases de efecto invernadero por la deforestación, habiendo financiado 103 proyectos de preservación desde 2008. Noruega y Alemania son sus dos mayores donantes, por lo que su retirada pone en peligro la viabilidad del proyecto.

Escena aérea deforestación Amazania. REUTERS / Nacho Doce
Vista aérea de una sección de la selva amazónica deforestada cerca de la ciudad de Alta Floresta, estado de Pará, Brasil. REUTERS / Nacho Doce

Bolsonaro, sin embargo, parece tomárselo a broma. “Tengo un mensaje para la querida Angela Merkel: coge tu pasta y reforesta Alemania. Lo necesitáis mucho más allí que aquí”, dijo la pasada semana. Un día después, tras conocer la decisión del país noruego, añadió: “¿No es Noruega la que mata ballenas en el Polo Norte? (…) Coged el dinero e id a ayudar a Merkel a reforestar Alemania”.

Ante las acusaciones de que sus políticas son las causantes del aumento de incendios, Bolsonaro se ha limitado a culpar a la estación seca. “Solían llamarme Capitán Motosierra. Ahora soy Nerón, incendiando el Amazonas. Pero es la temporada de la queimada”, ha dicho.

Según los datos del INPE, la Amazonia ha perdido 5.879 kilómetros cuadrados en los últimos 12 meses, lo que supone un 40% más que un año antes. Datos a los que Bolsonaro respondió despidiendo al director del órgano, Ricardo Galvão, por considerar inexactas las cifras publicadas.

“Bolsonaro se comporta como si estuviera en una taberna. Es decir, vertió acusaciones infundadas sobre personas del más alto nivel de la ciencia brasileña, no solo a mí, sino a muchas otras personas”, declaró Ricardo Galvão poco antes de ser destituido el pasado 2 de agosto.

Parece que Bolsonaro no se conforma con alentar la deforestación de una zona que se considera vital para contrarrestar el calentamiento global, sino que también pretende censurar la denuncia de la misma.

Fuente: https://www.playgroundmag.net/now/amazonas-arde-bolsonaro-toma-broma-inmovil_45305810.html

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