EL FMI INICIA LA INTERVENCIÓN ECONÓMICO-FINANCIERA DE BOLIVIA

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UN DÍA COMO HOY, 30 de noviembre de 1949, comunicaban que los técnicos financieros del Fondo Monetario Internacional (FMI), James Thackaray y William Taylor, se encontraban en Bolivia para estudiar la situación económica. Con estas acciones iniciaba el trauma de la intervención imponente de las grandes entidades financieras manejadas por EEUU, para que mantuvieran su dictamen hegemónico sobre la necesitadísima economía nacional.Para elaborar el informe respectivo, ambos personeros realizaron visitas a diversas instituciones bancarias y centros comerciales de la ciudad de La Paz. De manera especial su trabajo se concentró en el Banco Central de Bolivia. No es la primera vez que ambos visitan nuestro país, habiendo anteriormente cumplido una misión de carácter técnico-económico.El Fondo Monetario Internacional (FMI) fue creado en julio de 1944, junto al Banco Mundial (BM), resultado de la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas, más conocida como Acuerdos de Bretton Woods. En el contexto de la Segunda Guerra Mundial, por su mayor influencia y liderazgo, EEUU impuso la creación de estas instituciones financieras destinadas a disciplinar la economía global de postguerra.En este contexto, con la creación del FMI y del BM en 1944, por un lado, y con la implementación de las Naciones Unidas en la Conferencia de San Francisco al año siguiente, el presidente Franklin D. Roosevelt consolidó los “brazos” económico y político del imperio estadounidense en el Nuevo Orden Mundial. Años después, el presidente Harry Truman sentaría las bases del “brazo” militar planteando la noción del “Estado de seguridad nacional”, noción que se tradujo en la Ley de Seguridad Nacional, en la creación de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de la Organización Tratado Atlántico Norte (OTAN).Tanto el FMI y como BM fueron duramente criticados, especialmente en América Latina, por convertirse en instrumentos para la subordinación de las políticas económicas nacionales a los dictados del gran capital. En este sentido, las críticas más frecuentes son las siguientes: los préstamos solicitados siempre están condicionados a la aplicación de políticas de corte neoliberal—como la desregulación, la privatización de las empresas públicas y la liberalización del comercio, de la inversión y del sector financiero—; los acuerdos de los Estados con estos organismos (sobre todo los denominados de “Ajuste Estructural”) representan una pérdida de soberanía económica; el peso de los países periféricos en las decisiones de estos organismos es irrelevante, pues el control es ejercido por los países más desarrollados (por el Grupo de los siete o G7, específicamente, a partir de su conformación en 1973); el enfoque prevaleciente en estos organismos es eminentemente “desarrollista” marginando cualquier otra interpretación de la realidad económica; y los proyectos financiados (sobre todo los de integración vial y los de generación de energía) son, en muchas ocasiones, ejecutados desoyendo el derecho de consulta de las organizaciones autóctonas indígenas y campesinas, cuyos modos de vida y de organización social suelen resultar seriamente afectados.

Periódico La Razón, 30 de noviembre de 1949

Quintana, Juan Ramón (Coord). Un Siglo de Intervención de EEUU en Bolivia [1900-2000]. Tomo III. 1939-1949. La Paz: Ministerio de la Presidencia.

Elaborado por: Equipo CiA.bo

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