Las ideas de Marcelo Quiroga Santa Cruz en acción

In Bolivia, CatArtBolivia

Las ideas de Marcelo Quiroga Santa Cruz no solo de desarrollan en un contexto de lucha por la recuperación de la democracia sino también de un llamado a la construcción del socialismo como horizonte

Dicen que los grandes hombres son, de una forma u otra, la síntesis de sus pueblos. De ser así, los bolivianos tenemos una razón para sentirnos orgullosos. Esa razón se llama Marcelo Quiroga Santa Cruz. Este hombre reflejaría el valor, la integridad y el genio latente en todos los bolivianos, expresado muchas veces en momentos de crisis, levantamientos y guerra. De no ser así, podemos al menos esperar que su ejemplo y su pensamiento se reflejen en aquellos que intentan construir un nuevo país.

Nacido en Cochabamba un 13 de marzo de 1931 en el seno de una familia acomodada, demuestra interés por las letras desde una temprana edad y publica su primera novela, Los Deshabitados, en 1962, que obtiene el premio William Faulkner al año siguiente. Y como muchos hombres de letras en la historia del país, desarrolló también una sensibilidad social que lo hizo comprometerse rápidamente con la política boliviana.

Sus primeras incursiones al campo de batalla político del país se dan a través del periodismo como director del periódico El Sol, con un espíritu crítico frente al gobierno del MNR y su paulatino declive y sumisión ante los EE.UU. Esto lo lleva a ser diputado invitado por Falange Socialista Boliviana en 1966, cargo que utiliza para condenar la intromisión estadounidense en Bolivia y denunciar la represión y la corrupción del gobierno de René Barrientos.

Tales acciones le valen su expulsión de la Cámara de Diputados, encarcelamiento, atentados contra su vida y un exilio en el oriente boliviano que comparte con René Zavaleta Mercado. Pasada la muerte de Barrientos, es invitado como ministro de Minas y Petróleo durante el gobierno del general Alfredo Ovando Candia en 1969. En esta ocasión, Marcelo defiende la soberanía del Estado boliviano sobre sus recursos naturales y es parte de la primera nacionalización del petróleo con la creación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB).

El golpe de Estado del general Hugo Banzer Suarez en 1971representa el despliegue de las alas de la Operación Cóndor en Latinoamérica, un proyecto de coordinación de inteligencia entre varias dictaduras sostenidas por los EE.UU. en su guerra contra el comunismo. Este contexto lo obliga a pasar a la clandestinidad, dejando momentáneamente su rol de líder del Partido Socialista, que refunda en 1977 como Partido Socialista 1 (PS-1), que se suma a la lucha contra la dictadura, protagonizada en ese momento por el movimiento obrero y por figuras como Domitilia Chungara.

Su apoyo a la causa obrera no es sólo conducente al debilitamiento de las dictaduras del cono sur y el imperialismo estadounidense que las nutría, sino a la instauración del socialismo en Bolivia. Dicha convicción ideológica era, como él dijo alguna vez, “a pesar de su origen de clase”, pero totalmente lógicas con su aspiración de una Bolivia soberana, próspera y justa. Sus convicciones marxistas lo llevan a una defensa consecuente de los intereses de nuestro país, de su independencia política frente a potencias extranjeras, de las demandas de sus clases populares, y de su control sobre sus propios recursos naturales.

Pero son esos mismos principios, y su defensa inclaudicable, los que atraen en su contra los cuchillos de la última dictadura en la historia del país. Marcelo es secuestrado, torturado y asesinado un 17 de julio de 1980 por paramilitares que operaban bajo las órdenes de Luis García Meza. Lo irónico de esta historia es que uno de los hombres más brillantes, cultos, valientes y nobles que haya producido nuestro país fue asesinado por otro que se encontraba en las antípodas de cada uno de estos aspectos: García Meza, arrogante, de muy poca lectura, ligado con el narcotráfico y con delirios de grandeza.

No obstante, a pesar de la nota trágica con la que concluye su vida, el legado que nos deja Marcelo no es uno discursivo sino profundamente filosófico, político y práctico. Se pueden identificar claramente tres ejes en su pensamiento: la defensa de los intereses de las clases populares, de obreros, campesinos y todo desposeído; la defensa de la soberanía política del país frente a potencias extranjeras como los EE.UU.; y la defensa de la soberanía económica del país, que no es otra cosa que la defensa de sus recursos naturales como propiedad del pueblo boliviano, a través de su Estado.

Son también ideas que compartieron Sergio Almaraz Paz, René Zavaleta Mercado, Augusto Céspedes, Carlos Montenegro y otros grandes pensadores bolivianos que eran nacionalistas, socialistas o ambos. Y son también ideas que defendieron, aunque quizá de forma sub consciente, las masas que se lanzaron a las calles contra la rosca minera el 9 de abril de 1952 o contra el neoliberalismo personificado por Gonzalo Sánchez de Lozada en octubre de 2003. Eran las ideas de Marcelo en acción.

Por ello se puede afirmar, sin temor al desacierto, que el pensamiento de Marcelo Quiroga Santa Cruz está muy presente en los bolivianos y lo seguirá estando mientras haya imperialismo y colonialismo por derrotar.

Fuente: http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=6119

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