LA NOSTALGIAS DE LA VIEJA REPÚBLICA LAS PLATAFORMAS CIUDADANAS

In Bolivia, Principal

Por Eliseo Cabral (*)

Febrero es el más corto mes del año: tiene 28 días; solo cuando es año bisiesto tiene 29 días. Y este mes corto, metafóricamente hablando, calza muy bien con unas mal llamadas ‘plataformas ciudadanas’: cortos y estrechos de miras y mezquinos de propuestas políticas viables, más que la de volver al pasado republicano, que trató al indio peor que durante la colonia. Surgen precisamente del referéndum del 21 de febrero de 2016 y, paradójicamente, se auto nombran como plataformas ciudadanas ‘bolivianas’, cuando históricamente han tenido, y tienen más bien sentimiento antinacional; es decir anti indio; todavía satanizan la coca, los mitos andinos; en fin califican al indio sobre todo como un ente anti moderno. Durante el largo reinado (1825- 2006) de esas élites, sus descendientes pretenden recuperar a su ‘Estado fallido’, con uno los países con pobres y dependientes de América Latina como herencia, y que fue muy bien definido por Sinclair Thomson: “hay que reconocer que Bolivia es uno de los países proporcionalmente más indígenas en las Américas y, al mismo tiempo, que es una formación social de profundas raíces coloniales”.

Entonces, los febreristas con el pretexto de volver a ser ‘señores feudales’, quieren replicar el modelo colonial-republicano, antes cobijados por el Plan Cóndor y el patronazgo financiero de los Chicago Boys, ahora bajo paraguas de la CIA y los falsamente llamados ‘institutos para la democracia’ yankees, uno a cargo del prófugo de la justifica boliviana Carlos Sánchez Berzain; que usa como caja de resonancia a la senadora gringa Ileana Ros- Lehtinen, sabedores de que Bolivia tiene un condición estratégica clave; y solo desestabilizando a su gobierno el resto de los gobiernos progresistas caerá.  Durante los gobiernos de Sánchez de Lozada-Víctor Hugo Cárdenas y luego Gonzalo Sánchez de Lozada-Carlos de Mesa ‘legitimaron’ e iban a continuar ‘legitimando’ al gran capital internacional patrocinado por EEUU. Esta vez su objetivo no es Evo Morales, sino apuntan a desestatizar al Estado Plurinacional, que les es ajeno, y con ello a las naciones indias y movimientos sociales ahora cabalmente representados.

Cabe recordarles que  sus antepasados, llegados mayoritariamente de España, como el caso de Carlos Mesa, en este caso descendiente de un albañil afincado primeramente en Cochabamba,   apenas llegados comenzaron con el usucapión de vastos territorios indios, despojando a los verdaderos dueños a la exclusión y subordinación a sus intereses. En su oportunismo, ahora enarbolan las banderas bolivianas, cuando en su momento usaron a los indios como carne de cañón y durante el MNR carne de urna. Ahora sus dirigentes y portavoces, como Iván Arias, viceministro del gobierno Banzer-Quiroga y enemigos acérrimos de los cocaleros del Chapare o Andrés Gómez el monaguillo mediático y de la docta academia, viajan a los Yungas a adoctrinar (en vez de USAID, por razones obvias) a los cocaleros de adepoca y les dan cursillos de proselitismo político antes que pedagógicos. De la misma manera otro plataformista, Julio Alvarado, desde su sempiterna poltrona de la una vez revolucionaria UMSA, defiende al 21 F, y sin el menor asomo de vergüenza se sumó a Jorge Tuto Quiroga a través del cavernario partido político llamado Democracia Cristiana: el heredero de Banzer, quien proscribió la democracia,

Las Plataformas han reflotado su viejo odio republicano en contra de Evo Morales. Varios voceros del odio y oficiosos de la degradación mediática, como todos los opinologos de Página Siete, son los viejos parásitos del orden neoliberal, quienes comienzan a cantar victoria anticipada basados en la democracia que antes nunca defendieron; y ahora pretenden que sus jóvenes hijos, y bajo el pretexto de ser nuevos en la historia reciclen esa su democracia. Enceguecidos de resentimiento, no aceptan que desde mediados de la primera década del XXI la condición social del indio históricamente ha cambiado apenas Evo Morales fue ungido presidente de Bolivia; y pasó a ser de objeto de la historia boliviana a ser el sujeto de su propio destino; para ello tuvo que ser destruida la vieja república de Bolivia y sus tabús de la eterna supremacía del blanco, y en todos sus niveles, jerarquías e instituciones y sobre todo  con sus políticas racistas, patriarcales y conservadora en sus costumbres pero neoliberal en sus políticas económicas.

Las Plataformas guardan el sempiterno deseo del “regreso de la historia sus orígenes’; es decir rehabilitar los poderes señoriales, con mucho de nostalgia por el abolengo y especialmente con una desconfianza extrema por la rebeldía indo mestiza. Por todo ello, si eligen a Carlos de Mesa como su candidato, a éste solo le quedará aceptar este reto, y no como en 2003 negarse a nacionalizar los hidrocarburos para luego nacionalizar a Quiborax, con un enorme daño al erario nacional de más de 42 millones de $US, y en 2005 renunciar al reconocer que es un incapaz de gobernar aunque sí sabe extender la mano a EEUU para pagar sueldos y aguinaldos.

El candidato ‘colado’ a las plataformas como una tabla de salvación es Samuel Doria Medina. Con sus políticas de flexibilidad laboral extrema solo consiguió la subsecuente precariedad y fragilidad en la que se desenvuelve el propio empleado y obrero yankee.

Las Plataformas son una especie de familia pero de la cosa nostra, protegidas por las influencias políticas y empresariales de la derecha reaccionaria boliviana. Antes del 2006 era una vasta organización basada en la identidad de clase, alta, lo que les permitía gozar de una amplia cobertura legal y a través de una red bien articulada por sus poderosos clanes familiares. Entre ellos se puede mencionar a funcionarios del MNR, MBL, MIR ADN, UCS, MRTKL, CONDEPA, PDC ahora reciclados en UD, Sol.Bol, Demócratas, etc.; es decir nuevos Acuerdos Patrióticos y/o Pactos por la Democracia. Todos éstos parten del mismo tronco común: el de la “Rosca petrolera boliviana y de los intereses de la nueva oligarquía que están forjando las clases altas y medias, bajo el pretexto de una nueva ‘democracia’.

Lo que parece ser cierto es que las plataformas ciudadanas continuarán con el burdo tráfico de influencias familiares en las altas finanzas estatales; donde, como antes, la Bolsa de Valores vuelva a ser su patria verdadera. Las plataformas no van disociadas de esa angurria fáustica de acumulación: el poder y la especulación. ´Un ejemplo de este capitalismo “con rostro pero sin fronteras” es el ya nombrado Samuel Doria Medina, quien, amparado en “el paraguas legal” de la Bolsa Boliviana de Valores y creadas por el rico empresariado, pudo realizar una venta mega millonaria (300 millones de $us), sin por ello verse obligado a pagar impuestos. Es decir un privilegio que no lo tiene el ciudadano boliviano común, que trabaja y vive aquí. Las Plataformas Ciudadanas seguirán el papel de “quienes no solo cayeron en la figura delictiva de tráfico de influencias sino en negar las Empresas Fiscales, es decir las del pueblo boliviano.

(*) Eliseo Cabral, es investigador en temas políticos, históricos y sociales y parte de la Comunidad anti imperialista.

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