LA INQUISICIÓN BOLIVIANA ‘MANDA A LA HOGUERA’ A MISS BOLIVIA 2017: GLEISY VERA NOGUER HASSEN

In Bolivia, Principal

Por Elíseo Cabral (*)

La derecha boliviana siempre se ha burlado y mostrado brutal con el arte y la cultura originaria, excepto como postal turística en sus viajes al exterior: y ahora con la belleza. No soporta que gente de esos ámbitos se sume a un Proceso de cambio progresista e inclusivo. La última infamia de esos grupos conservadores es atacar a la Miss Bolivia-Universo 2017 Gleisy Vera Noguer Hassen por haberse sumado al MAS. Fue su único delito, además de ser hermosa. Le niegan la libre elección política y le coartan su libertad de expresión, solo por decir lo que piensa.

Su referente siempre será la Ex Miss Bolivia 2004, Gabriela Oviedo, (¿cabeza hueca?) protagonista, para vergüenza mundial, es decir ajena, del ‘mayor ridículo en la historia del Miss Universo’. Acerca de la pregunta que le hizo el presentador, aquella vez, sobre un concepto considerado erróneo que se tiene de Bolivia ella respondió: “Desafortunadamente, la gente que no conoce Bolivia piensa que todos somos indios, de la parte occidental, de La Paz (específicamente), allá todos son bajitos, pobres, indios; en cambio en Santa Cruz todos somos blancos, altos y hablamos inglés”. Lo que llama la atención son tres cosas: a) Rubén Costas por la época inclusive organiza una caravana para ir a recibir a la desafortunada Gabriela a Viru-Viru, a quien se aplica perfectamente el aforismo de Oscar Wilde: ‘alguien de cabellos largos e ideas cortas’. b) El entonces presidente, casual, de la República Carlos Mesa, guarda silencio cómplice; por un lado porque estaría de acuerdo con esas ideas como jesuita, con supuestos oropeles nobiliarios (en realidad su abuelo fue albañil emigrado de España y no un “sangre azul” de Charcas, que piensa que son los indios los que deben ser subsumidos por el Estado boliviano, nunca al revés); y por otro lado no quiere enemistarse con las logias cruceñas y su sempiterna amenaza de separarse del país, esta vez aprovechándose de su desgobierno, que no es más que una entelequia. Resulta que Mesa se bajó los pantalones ante los cívicos cruceños quienes, luego de su cabildo, obtuvieron de él un referéndum inconstitucional para la elección de prefectos en 2004. Y c) resulta hasta grotesco que la mencionada ex Miss Bolivia-2004, haya recibido el aval de la promotora de este evento, Gloria Limpias, acusada de proxenetismo por una de las concursantes. Lo cierto es que estos tres personajes: Costas, Mesa y Limpias, niegan la modernidad y quieren seguir encajando a sus respectivas regiones a una visión pueblerina y provinciana, llena de prejuicios coloniales que se creían ya extirpados, aunque peligrosos por su vigencia, como en el caso de Gleisy Vera.

Pero sería un error tomar las declaraciones de Gabriela Oviedo como un hecho aislado y producto de sus serias limitaciones intelectuales: se trata de un estado mental, una tara, que empeoró con la fundación de la república en 1825. Un ejemplo son las declaraciones sobre lo mismo: la cruceña Sharon Valverde Miss Litoral 2015 declaró: “los collas son feos”. Mucho antes un diario recoge la declaración de un vecino tarijeño: “En Tarija quedan pocos tarijeños de pura sangre castellana’ y ‘Estos artrópodos (migrantes del norte) insultan en sus dialectos ininteligibles’. En ese mismo sentido fue la propuesta de Carlos Mesa de llevar la capital a la Ciudad Blanca, Sucre, donde planeaba convertir al Palacio Argandoña como nuevo Palacio de Gobierno, donde la crema y nata de la Bolivia blanca bailarían con valses de Strauss en los festejos del 6 de agosto. Y naturalmente la Whipala jamás flamearía en un asta. En esta misma línea se inscribe la ‘leopoldista’ senadora por Pando Eva González, una especie de ideóloga del racismo de la llamada Media Luna (un proyecto similar al sudafricano del apartheid) cuando acaeció la masacre de Porvenir. Resulta que ahora son bolivianos y aman a este país, pero a la vieja República cuando más bien querían separarse de la Bolivia india.

Hasta aquí lo anecdótico.

Y como lo está sufriendo Gleisy Vera así fueron censurados los Kjarkas. Poco faltó para que quemaran sus Cds, como lo hicieron dictadores como Adolfo Hitler con la quema de libros para sumir a sus pueblos en la intolerancia y el racismo; y peor aún en la ignorancia. (Es de esperar que no quemen los libros del Bicentenario por considerarlos masistas). Recordemos el ‘Caso Alfaguara’, una exitosa sociedad entre Reforma Educativa, medios de prensa y el Ministerio de Educación, que en su tiempo los gobiernos neoliberales apoyaron a escritores ansiosos de fama, pero sin tomar en cuenta la calidad estética de sus obras, solo por su sumisión a la globalización.

La diferencia con aquella época es que nunca antes hubo tanta producción cultural en el país como hoy, más allá de la bajada de los costos de producción. Solamente este año se estrenaron casi una docena de películas que jamás fueron censuradas, dejando al público boliviano la libertad de juzgarlas, y por todos los medios disponibles. Lo mismo sucede con la literatura. Las novelas fueron premiadas sin tomar en cuenta el contenido, o la ideología, la raza o religión del escritor. En cambio la censura era una constante antes de 2006. Sin ir más lejos, la película Los hermanos Cartagena fue censurada por la Iglesia y la mojigatería de sus fieles, solo porque había un desnudo femenino. Las películas de Jorge Sanjinés también fueron censuradas por las dictaduras militares por motivos ideológicos. Durante los 80′ en la plaza de Santa Cruz se quemó el suplemento Presencia Literaria  por un cuento de Manuel Vargas que, según ellos, atentaba al pudor de la mujer cruceña. Y sin embargo en Santa cruz y Sucre golpeaban a las mujeres solo por ser de pollera. Este es el verdadero peligro para la democracia: los censores ideológicos, culturales y ahora sociales, que a falta de un sólido argumento estético acusan a la pandina Gleisy Vera Noguer Hassen de haberse ‘vendido’ al MAS. ¿Dónde quedó la tolerancia que falsamente reclaman? Uno no podría imaginar que harán luego estos señores, quizá como Franco prohibir los desnudos en las obras de arte y cosas peores.

Finalmente, esta virulencia con la que se ataca a la hermosa pandina está más dirigida al gobierno del presidente Morales. Teñida de odio y revancha y eco de los gobiernos del pasado, es la misma idolología que postulaba la supremacía de una cultura, religión, raza e idioma. Que fueran altos, blancos y que hablaran inglés. Acorde con éstos sus tres principios básicos para ser considerado un país, a principios del siglo XXI dos periodistas, Eduardo Pérez de Radio Fides y Robert Brockman de La Razón descalificaron al idioma aymara como ‘una lengua de ignorantes, innecesaria e impráctica’, convocando poco menos que a su extirpación. Tampoco ningún periodista serio criticó este craso intento de censura cultural. Poco les faltó a los promotores ‘medir el cráneo a los aymaras’. Luego llegaría la extirpación de idolatrías, y en el caso de Gleisy Vera la hoguera mediática para una “hereje”.

 

(*) Elíseo Cabral es Licenciado en Humanidades y miembro de la Comunidad Antiimperialista

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