LA CONSPIRACIÓN ANTI SOCIALISTA DE LA UPEA: ¿AUTONOMÍA? O SATRAPÍA

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LA CONSPIRACIÓN ANTI SOCIALISTA DE LA UPEA: ¿AUTONOMÍA? O SATRAPÍA

Por Eliseo Cabral *

Luego de la brutal huelga de los médicos a fines del pasado año, que no quieren ver afectados sus intereses con la ley del Ejercicio Profesional, hoy le toca a la derecha boliviana y pro imperialista mover otra ficha: La Universidad Pública de El Alto (UPEA). Pero el modus operandi es el mismo: antes toma de puentes en La Paz (de Las Américas), bloqueo de vías públicas, generar pánico en la población, que rogaban por atención médica; hoy ataques contra edificios públicos, etc.

En segundo lugar: ¿Se haría operar Ud. por un médico, mandar hacerse planos con un arquitecto o tomar un caso legal con un abogado, todos ellos titulados de la UPEA? Lo que parece a simple vista cierta insolvencia profesional, alcanza visos de tragicomedia cuando de supuestamente estudiantes revolucionarios en pos de educación, por el contrario con sus huelgas y movilizaciones han pasado a ser ovejas. Y sí, ovejas de parte de los grupos conservadores bolivianos, que bajo el disfraz de mayor presupuesto organizan una conspiración contra el gobierno, que les dio todo. ¡Qué lejos están estos estudiantes de los verdaderos vecinos alteños!, que echaron al gobierno anti patria de Gonzalo Sánchez de Lozada- Carlos Mesa, los que iban a dejarlos sin IDH. No recuerdan ya que Hormando Vaca Diez se vio obligado por las movilizaciones populares a promulgar la Ley de Hidrocarburos.

El trasfondo de esta desestabilización a nivel global, promovida por Donald Trump y los halcones de la Casa Blanca y del Pentágono lo forman los estudiantes alteños, la clase media, la empresa privada, cierta prensa, la Iglesia en su versión local, todos ellos al sumarse al avance neoconservador y con el objetivo de destruir al socialismo. Antes lo hizo en Cuba, financiando Radio Martí; lo está haciendo en Venezuela, Nicaragua, y ahora pretende hacerlo en Bolivia. Son ya clásicas las maniobras que las potencias imperialistas han ejercido en contra de países con gobiernos de izquierda, provocando bloqueos, extorsionando con préstamos del FMI, causando inestabilidad a través de revueltas o promoviendo desmembramientos territoriales. Tal fue el caso de Libia, cuyo gobierno legal fue defenestrado por las bombas de la OTAN, de EEUU y de las potencias neocoloniales de Europa, además de dar respaldo financiero, logístico y militar a los sediciosos, entre ellos estudiantes. Así colapsó Libia, ahora repartida en varios territorios sin ley ni Estado, tribus con su propia capital y que luchan por el control territorial de lo que quedó. Y cuando Gadafi, acusado de dictador, fue finalmente localizado y ejecutado en octubre de 2011: ¡Misión cumplida!

¿Los efectos del desmembramiento de ese otrora floreciente país, hoy calificado de ‘Estado roto’? En primer lugar una nueva dependencia: económica, política y cultural; por otro lado desinstitucionalización terminal, además de la aparición de milicias de fanáticos religiosos yihadistas, que se disputan lo que queda de la torta petrolera. Y, quizá lo peor: empresas privadas como la occidental Blackwater, la policía privada que ‘resguarda’ unas fronteras desérticas, borrosas y permeables. Es como si Bolivia contratara a empresas de seguridad chilenas para vigilar las suyas. ¿Y les suena algo parecido en Bolivia lo siguiente? Los ‘yihadistas’ de la Iglesia católica le quitan autoridad moral y espiritual a un cardenal indio, sumándose a la geopolítica imperial, que se aprovecha de territorios vacíos, y aíslan a sus fieles de políticas liberadoras, convirtiéndolos luego en fanáticos religiosos dispuestos a derramar sangre, porque son más fáciles de controlar bajo una bandera: derrocar a los indios ‘herejes’.

Otra similitud. Aquí, los gobiernos derechistas nos anatemizaron como ‘Estado fallido’ o inviable según la óptica de las clases medias decadentes y nostálgicas del gonismo para, como Libia,  desbaratarnos según vayan decantándose las circunstancias, y con sus recetas de ‘hay que dar luz verde únicamente a las empresas privadas y trasnacionales del gran capital’, que controlen y usufructúen de las materias primas estratégicas, en este caso el petróleo etc., tal como en Libia.

La UPEA, con su ‘revuelta’ estudiantil y con el pretexto de una mejora exagerada en su presupuesto, se alinea con toda esta desestructuración institucional. Entonces, es lógico que busquen dinero para lotear su autonomía, porque constituyen verdaderos gobiernos paralelos y sindicatos disimulados, como los médicos, de estudiantes y académicos. Los que nunca se preocuparon por los muertos de El Alto y festejan entre bambalinas la absolución de la justicia norteamericana de los genocidas Goni-Sánchez Berzain, hoy hacen bandera de víctimas inocentes, pero de sus propias autoridades, que han formado una satrapía con sueldos inéditos, de cuya torta quiere igualmente usufructuar la FUL de estudiantes, dispuestos a recibir órdenes de la misma embajada con tal de desestabilizar al régimen.

Es risible y ridícula su postura, más aún cuando los verdaderos movilizados alteños pedían la abrogación de la Ley de Hidrocarburos en octubre de 2003, hoy sus estudiantes piden la abrogación de la Ley 1072, que paradójicamente les otorga más recursos (el gobierno ya les dio 70 millones de Bs). Entonces ¿qué antiimperialismo defienden? Algo que precisamente debería englobar sus acciones. ¿Qué aporte intelectual y producción intelectual tienen para llevar al país hacia la emancipación política, económica, científica e investigadora?

Esto es exactamente lo que la política norteamericana quiere: usar cualquier grupo y escenario para sus propios fines de recuperación de su geopolítica; en otras palabras su coto de caza. Hoy, tristemente, les toca a los estudiantes de la UPEA, hacer ese papel de ‘felipillos’ desestabilizadores con sus movilizaciones, y no en favor de su deteriorada Casa Superior de Estudios.
De esta forma, solo les están juego a los reaccionarios, conspiradores de siempre y de los que siempre medraron de la autonomía universitaria: Rubén Costas, Samuel Doria, Jorge Quiroga, Waldo Albarracín; y desde USA Carlos Sánchez, etc. Lo único que falta es que exijan el fin del arresto domiciliario al corrupto de Leyes. Su más cercano antecedente en el pasado no son las luchas de los verdaderos revolucionarios en pos de la Patria Grande, sino el de los viejos Comités Cívicos, cuya carta de ciudadanía, y dinero, se las dio el gobierno de Hugo Banzer (1971-1978), con lo que asumieron posición claramente política en favor del dictador fascista. Años más tarde conformarían esa incolora y desabrida mezcolanza sin norte llamado Consejo nacional de la Democracia (CONALDE). En su primer intento trataron de boicotear la Asamblea Constituyente y negar legitimidad al gobierno de Evo Morales, así como la Nueva Constitución Política del Estado, a la que ahora recurren como tribus libias al vendedor de armas para cambiarlas por petróleo.
Hoy se quiere defenestrar a Evo Morales, y con la misma táctica. En 2006, articulados en la llamada ‘media luna’ y bajo la consigna: ‘habrá autonomía para Santa Cruz o no habrá Santa Cruz para Bolivia’, en 2018 la UPEA actúa bajo la consigna ‘Habrá presupuesto pero no habrá mas gobierno de evo. Porque la UPEA no quiere auditoría académica, administrativa, financiera, en tanto entre los huelguistas hay uno con 18 años como estudiante.
Es la misma estrategia norteamericana usada para sus propios fines en Medio Oriente, con la llamada ‘primavera árabe’, cuyo último objetivo no fue liberar a sus pueblos sino entregarlos a la ‘democracia occidental’; es decir a la incertidumbre. Entre sus objetivos hoy figura derrocar a Bashar Al Assad, y usan como excusa el ser antidemocrático, cuando fue mayoritariamente votado por su pueblo. En tanto, aquí la UPEA lanza sus ataques contra oficinas de Bolivia TV; allá hubo ataques a oficinas públicas y ocupación de espacios públicos; y aquí de plazas, calles y avenidas. Protestas como la de los médicos que lucran con la salud sumándose con su paro ilegal a los estudiantes alteños aquí; enfrentamiento entre protestantes y afines al gobierno autoritario allá; aquí apelando al trasnochado nacionalismo de una república decadente que no se resigna a cambiar y en contra de un gobierno que respetó su autonomía.
Otro argumento que sacaron a relucir los manifestantes de la Primavera Árabe fue luchar por un Estado laico, es decir apartar a la religión de la política; en cambio aquí más bien todos los reaccionarios y clase medieros apoyan a la Iglesia como única autoridad, que guía a las ovejas al redil del primitivismo.

*Eliseo Cabral es Lic. en Humanidades e investigador en temas históricos, sociales y políticos y miembro de la Comunidad de Investigadores Anti-imperialistas.

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