JOSÉ RAFAEL VILLAR: EL FUNEBRERO DE LAS IDEOLOGÍAS Y RESUCITADOR MEDIÁTICO DE LA REACCIÓN.

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El periodista José Rafael Villar, huido de la Cuba revolucionaria, presentó en la Asociación de Periodistas su libro: ‘Auge y Caída del Socialismo del Siglo XXI’. Entre sus comentaristas estaban Oscar Ortiz, el emblema de las elites cruceñas y conocido separatista; Ricardo Paz, nefasto personaje político involucrado en escándalos de magnitud, como el haberse involucrado sentimentalmente con la esposa de su jefe de partido, CONDEPA, y a partir del 17 de octubre de 2003 “ideólogo” y hombre de confianza del ex presidente Mesa, luego de haber sido su ministro y el delegado presidencial para realizar una asamblea constituyente fallida. Carlos Mesa también estuvo presente como comentarista en la presentación del libro de Villar. ‘Faltaron’ Mauricio Macri, Sebastián Piñera, Lenin Moreno, Pedro Duque y Enrique Peña Nieto, que no pudieron estar presentes porque estaban dando por su lado un réquiem anticipado a la nueva revolución latinoamericana, cuando más bien el que se cerró fue el ciclo liberal de los años 90. Tampoco estuvo presente, por razones de trabajo, el FMI, aunque dio su pleno apoyo a las políticas de los nombrados para que sigan aplicando, con mayor rigurosidad, los despidos y los recortes sociales e, y con el objetivo de no resignar la hipoteca de sus países, como en los viejos tiempos. Así, en poco tiempo de gobierno, Macri ha endeudado a  la argentina con más 50 mil millones de pesos; pero el peso argentino nunca volvió al nivel de cuando gobernaba Cristina Fernández. Con esta política el pueblo argentino tuvo que salir a las calles rechazando el acuerdo con el FMI. Sin embargo todos aquellos que no pudieron ir, pero se excusaron, a dicha presentación, si estuvieron de acuerdo con lo que el derechista Jair Bolsonaro, quien afirmó tajante ‘Erradicaremos a toda la izquierda en Brasil’.

Lo cierto es que Villar es parte de la misma idea y del mismo cerco mediático que ha satanizado a líderes socialistas en Brasil, Argentina, Ecuador, Nicaragua, en comandita con las oligarquías reaccionarias que mantienen la tesis de que las víctimas sean siempre las mismas: obreros, mujeres, negros, indios, campesinos. Es por ello que la izquierda y el Socialismo Siglo XXI deben cerrar filas ante esta arremetida y mantener intacta su política. Caso contrario significa una negación a la educación equitativa, tierras para los indios, al empleo, a los avances civiles, arrasar con los derechos laborales, privatización de los recursos naturales, explotación y entrega de la soberanía nacional, crisis social y mayor polarización, a cambio de plata. Todo ello forma parte del ‘proyecto Bolsonaro’ y el neocapiltalismo; y los propagandistas mediáticos como Villar, prematuramente han extendido el certificado de defunción a ese proyecto de la Patria Grande, solo para volver a ser repúblicas bananeras, que es lo que propone el FRI (sigla en alquiler). Es su único plan y programa político.

Esta demás decir que José Rafael villar es un enemigo acérrimo del Socialismo Siglo XXI; nos dice, y quiere hacer creer, que la derecha se ha vuelto ‘centrista’ y ahora se preocupa por el pueblo, y debe retornar a los gobiernos para que los pobres sean ‘liberados’ y en ese sentido aplicar medidas sociales a su favor. Es decir las rectas del FMI. En otras palabras, para Villar la derecha se ha vuelto socialista.

¿Pero por qué surgió en varios países de Latinoamérica el Socialismo Siglo XXI? Simplemente por una necesidad de liberación de las grandes mayorías explotadas por el neocolonialismo expresado en las repúblicas, intermediarias del capitalismo y del imperialismo, que condenaban a nuestros países a ser productores de materias primas para la poderosa industria del norte.

En el caso de Bolivia, siendo un país mayoritariamente indígena, las instituciones creadas desde la república, así como las nuevas estructuras estatales emergentes de ese suceso hicieron todo lo posible para marginar al indio e ignorar sus derechos que supuestamente como nuevo boliviano le correspondían, y en igualdad de condiciones. Pero esto nunca sucedió sino a partir del 2006, cuando fue ungido presidente el indio Evo Morales. Entonces cabe preguntarse ¿a quién realmente pertenecía el país hasta ese entonces? ¿Y quiénes debían ser los únicos en gobernarlo? Antes, el señor feudal y el criollo tenían clara la respuesta: ‘nosotros’. Para ello solo debían seguir el modelo político, económico y cultural de imposición instaurado desde la ex Audiencia de Charcas, de la cual, sin ser aristócrata siquiera sino un snob, (alguien que imita) Carlos de Mesa se considera su depositario ideológico.

Como la mentalidad colonial se intensificó durante todo el siglo XX y alcanzó niveles de paroxismo a comienzos del Siglo XXI, en Bolivia, y varios países del área, se tuvo que plantear, y ejecutar, una revolución, pacífica, para el Siglo XXI. Esto con el fin de proteger a esas mayorías marginadas por el colonialismo interno.

¿Proteger? Sí. Según el cientista social Boaventura de Souza Santos, y haciendo una analogía de la situación de la república boliviana con Brasil: “Se trata del ADN, de una sociedad dividida entre señores y siervos, élites oligárquicas, y el pueblo ignorante, entre la normalidad institucional y la violencia extrainstitucional, una sociedad extremadamente desigual, en la que la desigualdad socioeconómica nunca puede separarse del prejuicio racial y sexual. A pesar de todos los errores y defectos, los gobiernos los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) Fueron los que más contribuyeron a desactivar esa bomba creando políticas de redistribución social y de lucha contra la discriminación racial y sexual sin precedentes en la historia de Brasil. Para que la desactivación fuera eficaz sería necesario que dichas políticas resultaran  sostenibles y permanecieran durante varias generaciones, a fin de que la extrema desigualada y la discriminación dejaran de ser potencialmente reactivadas. Pero esa bomba la estuvieron (y están) reactivando, en primer lugar con el golpe institucional contra Dilma Rouseff  y ahora con la idea de perpetuar la situación de ‘patio trasero’ de EEUU.   Y de esa bomba su mecha sigue encendida.

Para ello se proponen la sustitución del Socialismo Siglo XXI con un drástico recorte a la democracia en los países donde hubo verdaderos avances y con políticas a todas luces positivas implementadas por el gobierno de Lula, que sacó de la pobreza extrema a 28 millones de brasileños, elevó el salario mínimo vital hasta casi un 70 %, pero sobre todo -uno de sus mayores logros- fueron sus políticas de integración regional a través de UNASUR. Lo cierto es que Villar no debe confundir un hecho político dado, como lo es la revolución Bolivariana, ya producida en varios países, y que por ello mismo ganaron la reputación de progresistas; y con un ideal político que se viene construyendo: el socialismo siglo XXI. Entonces ¿cómo se puede matar un ideal que todavía está intacto?

Quizá la respuesta la encontremos en el siguiente pensamiento:

“Se trata de una centenaria esquizofrenia estatal de élites privilegiadas que se asumen como blancas, liberales y modernas, siendo que en realidad el país es eminentemente indígena, de cultura comunitaria y de bases productivas tradicionales. (Álvaro García Linera: El Juguete Rabioso nº 79).

Y ahora quieren regresar de la mano de un lamentable ex presidente, que renunció por incapaz, y ahora quiere regresar confirmando ese diagnóstico de un esquizofrénico: ahora seguramente se siente capaz.

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