Fragmento de El saqueo de Bolivia

In Bolivia, CatArtBolivia

Las siguientes líneas corresponden a las últimas páginas del libro escrito por Marcelo desde el exilio, cuando la dictadura de Hugo Banzer Suarez asolaba estas tierras. Fue publicado en 1973 y es una denuncia a la venta de nuestros recursos naturales mediante la Ley de Inversiones de aquel régimen para favorecer al imperialismo y las transnacionales. Soberanía sobre nuestras riquezas y combate incuestionable al imperialismo, entonces, eran dos ideas muy fuertes en el pensamiento de Marcelo Quiroga Santa Cruz. Ideas que deben ser defendidas aún en nuestro tiempo.

El 21 de agosto [1] encontró confundidos los intereses de la burguesía monopólica y los de la pequeña burguesía empobrecida. La clase trabajadora estaba aislada y, por acción de los sectores obreros políticamente atrasados e influidos por la prédica de las direcciones nacional populistas, penetrada de una tendencia neutralizadora de su conciencia de clase. Hoy, la situación es inversa, aunque todavía no maduramente inversa. La burguesía está aislada y en su seno se agudizan las contradicciones internas. Este nuevo alineamiento de clases, todavía en proceso de definición de sus objetivos comunes, encuentra a la izquierda precariamente unida, pero exige que esta unidad sea capaz de formularlos, demanda que el desarrollo de esa unidad y su traducción en las tareas de conducción del nuevo ascenso popular se adecue a las características determinadas por la nueva correlación de fuerzas sociales y por el renovado avance del movimiento obrero. Corresponde a la vanguardia de las clases oprimidas prever el desarrollo de esta coyuntura caracterizada por la desintegración política de la Dictadura y por el nuevo vigoroso flujo popular.

Hace poco más de un año el imperialismo y sus agentes nativos pudieron interrumpir por la fuerza el ascenso revolucionario de las masas trabajadoras, restablecer a la burguesía intermediaria en el poder y detener el proceso de emancipación nacional. Pero en sólo catorce meses han mostrado que ni con el abuso de la fuerza pueden anular el profundo desarrollo político revolucionario de las masas obreras, ni asegurar estabilidad política al caduco poder burgués, ni consolidar el sistema de dominación nacional. Fracasado su postrer intento de institucionalización impune de la Dictadura burguesa o de constitucionalización del poder burgués, el imperialismo busca prolongar la agonía histórica de su clase agente mediante desesperadas maniobras que van desde la radicalización derechista impuesta a sangre y fuego, hasta la simulación democratizante, desmovilizadora y contra insurreccional. Dentro de la estructura de poder creada por su participación el 21 de agosto, cualquiera de estos recursos de rectificación interna demandará o provocará una nueva intervención de los altos mandos militares en el desplazamiento parcial o total del régimen de gobierno presidido por el coronel Banzer.

No importa la variante que se elija. Lo que sí importa es esclarecer en la conciencia de las masas que cualquiera de ellas sirve al mismo propósito de prolongación de fuerza o burocrática de un sistema de explotación social y nacional históricamente agotado y, por tanto, condenado al fracaso. Lo que sí interesa es que el pueblo esté preparado para resistir y vencer la represión masiva y que esté prevenido para rechazar la ilusión democratizante con que se intentará someterlo sangrientamente o desmovilizarlo políticamente. Pero también importa y en la misma medida, evitar que las masas caigan en otra ilusión, en la ilusión de una victoria inminente o fácil. Lo primero que puede llevar al aplastamiento y a la desarticulación del movimiento obrero, o a la división de las filas populares. Lo segundo puede conducir a la impaciencia y a la aventura provocadora y consolidadora del régimen. En ambos casos, el resultado no sería otro que una postergación de la victoria popular y nacional. No puede subestimarse la capacidad de maniobra de la burguesía ni la decisión del imperialismo de acudir a toda forma de violencia para impedir la liberación nacional. Ni puede perderse de vista que no todas las soluciones desesperadas a que acuda exigirán la misma respuesta ni que todas ellas demandarán el mismo costo social en el camino de la liberación.

No hay, pues, la menor duda de que ninguna tarea es más importante hoy día, que la de la perfeccionar la unidad de conducción antiimperialista para que se asuma su papel de vanguardia y sea capaz de organizar el nuevo ascenso obrero y popular, para que esté en condiciones de orientarlo y prepararlo para transformar la próxima rectificación golpista de la estructura de dominación, en el inicio de un poderosos y orgánico proceso insurreccional que conduzca al pueblo oprimido a la captura del poder.

La unidad antiimperialista está enfrentada a una coyuntura social y política cualitativamente nueva, en la que las masas realizan el proyecto unitario y avanzan a pesar del atraso de sus vanguardias. Es preciso que éstas se muestren capaces de superar el rezago y de actuar unitariamente junto a las masas, interpretando sus aspiraciones y expresando sus intereses formulando sus objetivos de lucha, conduciéndolas por el camino de la liberación nacional y social y evitando los riesgos de la desviación claudicadora o aventurera.

Ha comenzado una nueva etapa ascensional en la historia de las heroicas luchas del pueblo boliviano. El PARTIDO SOCIALISTA [2], partido de la clase trabajadora, asume la responsabilidad que le corresponde en las tareas unitarias, organizativas y de conducción de esta lucha. Como parte de la vanguardia del proletariado y recogiendo el ejemplo de sus dirigentes y militantes muertos, encarcelándolos, exiliados y perseguidos, el partido ocupa su puesto en la trinchera del pueblo. Las masas explotadas se unen en torno de sus intereses comunes y avanzan resueltas a imponer justicia social. Los primeros triunfos han fortaleciendo su moral combatiente. La burguesía y sus instrumentos políticos y de fuerza vacilan entre la transacción y el genocidio; la desmoralización domina el ánimo de sus conductores y la desorientación y la deserción se extienden en sus filas. El imperialismo arma hasta los dientes a la Dictadura para preservar el régimen de dependencia nacional y evitar su derrota. La vanguardia revolucionaria arma ideológicamente a las masas para la victoria popular y nacional. El pueblo vencerá en la lucha entre el Estado asociado de los apátridas y la Patria Libre de los bolivianos.

¡Abajo la Dictadura!

Santiago de Chile, noviembre de 1972

Fuente: http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=6118

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