ENTREVISTA A DAVID NICOL GREENLEE (TRADUCIDO)

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Comunidad de Investigadores AntiImperialistas de Bolivia CIA-Bolivia

La Asociacion para formación y estudios diplomaticos Proyecto de Historia Oral de Asuntos Exteriores

EMBAJADOR DAVID NICOL GREENLEE

Entrevistado por: Stuart Kennedy
Fecha inicial de entrevista: 19 de enero de 2007. Traducido por: Iván F. Mérida1

Aclaración: La presente traducción cubre solo parte de la entrevista total realizada a David Greenlee por Stuart Kennedy, la cual abarcó: antecedentes de formación academica, como funcionario estadounidense en el Peru (1975-1976); Departamento de Estado (1976-1977); funcionario político en la embajada de Estados Unidos en Bolivia (1977-1979); funcionario político de la embajada norteamericana en Teal Aviv, Israel (1980-1982); Departamento de Estado, oficina para asuntos israelí-arabes (1982-1984); Departamento de Estado, director adjunto para asuntos egipcios (1984-1986); Colegio Nacional de Guerra (1986-1987); embajada norteamericana en La Paz-Bolivia, jefe adjunto de misión (1987-1989); embajada norteamericana en Santiago-Chile, jefe adjunto de misión (1989-1992); embajada norteamericana en Madrid-España, jefe adjunto de misión (1992-1995); Pentagono, asesor político (1995-1996); Departamento de Estado (1996-1997); cordinador especial para Haiti (1997-1999); embajador en Paraguay (1999-2003).

Por lo que es la ultima parte de la entrevista, como embajador en Bolivia (2003-2006), la cual presentamos traducida en su integridad para entender sus apreciaciones sobre el periodo de la caidad del neoliberalismo y la llegada del proceso popular boliviano de Evo Morales.

1 Iván F. Mérida es master en RRII, y miembro de la Comunidad de Investigadores AntiImperialistas de Bolivia.

 

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DAVID N. GREENLEE

2003-2006

P: No hemos hablado de cómo consiguió su designación a Bolivia. Parece increíble que alguien que había sido voluntario de los Cuerpos de Paz, oficial político y DCM (Encargado Adjunto de Mision) en Bolivia, y que tenía una esposa boliviana, pudiera regresar a Bolivia como embajador…

GREENLEE: Estaba preparándome mentalmente para retirarme en el verano estadounidense del 2003. Esa hubiera sido una gira de tres años en Paraguay. Hubiera coronado mi carrera. De todos modos, se me estaba acabando el tiempo.

P: “Acabando el tiempo” significa…

GREENLEE: Habría estado en el grado por más de 15 años en los rangos superiores. Iba a alcanzar un límite de “tiempo en clase”, un “TIC”[Time in Class], y estaba listo para ir. No estaba buscando más embajadas realmente, pero sí noté alrededor de marzo de 2002 que Bolivia se estaba abriendo inesperadamente. Así que puse mi nombre. Se me aviso sin embargo, que el puesto sería ocupado por un secretario auxiliar en otro departamento, no por WHA (Whashington). Entonces pensé que eso era todo. Luego, unas semanas más tarde recibí una llamada. El subsecretario interino en WHA, Lino Gutiérrez, dijo: “Entiendo que estés interesado en Bolivia”. Le dije: “Sí, por supuesto, pero ¿qué hay de ese otro tipo?” Dijo que había decidido en vez retirarse, y que WHA podría presentar un nombre. No era algo seguro, pero el comité del subsecretario finalmente me seleccionó y obtuve la nominación. Esto significó interrumpir nuestra gira en Paraguay. Estaba un poco preocupado sobre ello, porque no quería dejar una vacante. Pero resultó que mi nombre avanzó con el de mi reemplazo, John Keene, y nuestras nominaciones se movieron conjuntamente.

El proceso tomó un tiempo, como siempre, pero en septiembre u octubre tuve una audiencia con el senador Chris Dodd, y creo que fue confirmada en noviembre de 2002. Mi predecesor, el embajador Manuel Rocha, se había ido en agosto. Poco antes de ello, Gonzalo Sánchez de Lozada, que fue presidente de Bolivia entre 1993 y 1997, fue elegido presidente con una escasa mayoria. Estuvo bajo asedio desde el principio y estaba tratando de gobernar con una coalición muy estrecha. El país fue bastante turbulento, con frecuentes huelgas y bloqueos de carreteras. Evo Morales, el líder de la federación de la coca que más tarde se convirtió en presidente, había emergido como un fuerte contendiente político. El había terminado segundo, justo detrás de Sánchez de Lozada, en las elecciones de 2002. El estaba usando su atractivo político emergente como palanca contra el gobierno. Su táctica fue cerrar la carretera entre Santa Cruz, en la parte oriental de Bolivia, y Cochabamba, el camino que los camiones que transportan soya y otros productos debian usar para llegar al altiplano y las instalaciones portuarias en Chile y Perú. Al cortar ese camino en los puntos de estrangulamiento en el Chapare, fue capaz de cerrar el país, al menos en un sentido económico. Esa era la imagen, en tanto que me estaba preparando para trasladarme de Paraguay a Bolivia.

Quería llegar a Bolivia lo más rápido que pudiera, pero no pude hacer la transición hasta enero de 2003. Llegué a mediados de enero. No regresé a Washington por la normal imposición de manos. Ya había pasado por eso antes, cuando me dirigía a Paraguay. No estoy hecho para la ceremonia en cualquier caso, y no quería otro evento testimonial, una ceremonia de juramentación en Washington. No sentía que tenía que pasar por eso de nuevo.

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Pedí permiso para hacer una transferencia directa desde Paraguay a La Paz. Me dijeron que era inusual pero posible, e hicimos los arreglos. DCM David Robinson recibió la autoridad para hacerme jurar. Eso sucedió en una pequeña reunión en el patio de la embajada en Asunción, con el personal de nuestra embajada, algunos funcionarios paraguayos y representantes de la embajada de Bolivia. Fuejusto.

Nos subimos a un vuelo del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) desde Asunción a Santa Cruz-Bolivia, y nos transferimos ahi a otro vuelo a La Paz. Nos encontramos con el DCM en funciones, que era el consejero de gestión. No teníamos mucho equipaje con nosotros, pero sí teníamos nuestros dos perros boxer y dos loros de frente azul amazónico. Dentro de cuatro o cinco horas de dejar Asunción, estábamos en La Paz. Nos recibió el equipo de país y hubo un pequeño evento de prensa. Dije sinceramente que volver a Bolivia era como volver a casa. Fue asi como me sentí y cómo se sintió mi esposa. Dos de nuestros cuatro hijos, nuestras hijas Nicole y Gabrielle, ciertamente se sintieron de esa manera también, ya que ambas tienen ciudadanía boliviana asi como estadounidense.

P: ¿Cuánto tiempo estuvo en Bolivia como embajador?

GREENLEE: Estuve tres años y cerca a ocho meses, retirandome en la tercera semana de septiembre de 2006. En realidad, Washington originalmente quería reemplazarnos a mí y a otros embajadores que habían llegado a sus embajadas a principios de 2003 en junio o julio de 2005. La idea era rotarnos en el ciclo del verano estadounidense. No me queje. Pero cuando el tipo que estaba nombrado para reemplazarme optó en cambio por un puesto muy importante en Washington, les dije a las autoridades en WHA que estaría dispuesto a quedarme más tiempo. Todo vino junto, y terminé continuando un año adicional y tres meses.

P: ¿Cómo estaban las relaciones estadounidenses con Bolivia?

GREENLEE: Las relaciones siempre han sido buenas, pero muy asimétricas.Estados Unidos fue el mayor donante de asistencia bilateral. Hasta que Evo Morales fue elegido presidente a fines de 2005, Estados Unidos siempre fuecortejado, por lo que pagó el respecto, a causa de ello. Pero nuestra presencia era abrumadora. Éramos demasiado grandes, la forma en que hacíamos las cosas, era demasiado grande para la relación bilateral. Era malo para Bolivia, y fue malo para nosotros. Los bolivianos tenían el hábito, la mala costumbre de ser suplicantes, y estábamos en la posición, la posición francamente arrogante, de repartir asistencia. Los bolivianos querían ayuda sin condiciones, mientras necesitábamos saber que nuestra ayuda no estaba siendo desperdiciaba, que estaba yendo a algo que ttuvieraun propósito de desarrollo o propósito antidrogas. Los bolivianos se molestaron por el énfasis en las drogas. Vieron el comercio de cocaína como un problema de los Estados Unidos, pero fue crecientemente, incluso en el lado del consumo, un problema boliviano en igual medida.

Volviendo al presidente, Sánchez de Lozada tenía un gobierno muy débil. El realmente no tenía un mandato para gobernar, habiendo ganado solo alrededor de un quinto de los votos. Y él no tenía una sólidacoalición. Estaba maduro para la oposición, especialmente para Evo Morales y su Movimiento al Socialismo, el “MAS”, el cual había emergido como una fuerza políticafuerte. Evo Morales podia cerrar el país con bloqueos de carreteras y apalancar el poder político al oponerse a nuestros esfuerzos antidrogas.

El gobierno de Sánchez de Lozada estaba tambaleándose desde el principio. Todos se referian al presidente como Goni. Él había crecido en los Estados Unidos, había ido a la Universidad de Chicago. Él había sido el arquitecto de la recuperación de Bolivia de la hiperinflación en la década de 1980, instituyendo el tipo de reformas que estaban demostrando ser exitosas en Chile. Era un

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“neoliberal”. Sus políticas económicas estabanbasadas en criterios de libre mercado y en el llamado consenso de Washington. Cuando las cosas parecían estar funcionando, estaba bien ser un neoliberal. Eso fue durante su primer mandato a principios y mediados de los 90. Pero para el momento en que llegué, sus políticas se habían desacreditado. Con los precios de las materias primas en el estanque, Bolivia no estaba creando empleos, no estaba avanzando. El “neoliberalismo” fue visto como una dimensión del “imperialismo”norteamericano, equivalente a: explotación económica, profundización de la desigualdad e injusticia.

La privatización de Sanchez de Lozada de industrias estatales fracasadas, un paso lógico durante su primera presidencia, fue vista cada vez más por los bolivianos como una venta total, un robo del patrimonio de Bolivia. La privatización, que Goni llamó “capitalización”, había llevado al descubrimiento de vastas reservas de gas natural. Los bolivianos no podían entender cómo las empresas extranjeras podían tener derecho a controlar lo que sabían que era un activo económico importante, un activo nacional. En menor medida, muchos también querían que el estado recuperara los ferrocarriles privatizados, las instalaciones de generación eléctrica, las propiedades mineras, la compañía telefónica, etc. Sánchez de Lozada había sido un presidente popular antes. Pero cuando llegué, solo seis meses después de su reelección, él estaba contra las cuerdas.

Durante su primera presidencia, Sánchez de Lozada había instituido reformas que daban más poder a los gobiernos locales. Esa iniciativa se llamó “participación popular”. Fue un instrumento de empoderamiento. Fue un paso audaz hacia la madurez democrática. Desafortunadamente para Goni también permitió a sus oponentes unirse contra él. Les dio recursos que podrían aprovechar para moverse contra el gobierno central. Esa era una especie de ironía de Shakesperiana.

Después de su primera presidencia, Goni fue sucedido por un ex dictador, Hugo Banzer, que sufría de cáncer. Banzer no siguió adelante con las reformas de Sánchez de Lozada y, tal vez porque estaba enfermo, permitió que las protestas sociales, los bloqueos de carreteras y otras acciones disruptivas, se salieran de control. El respeto por el estado de derecho, nunca en lo alto, disminuyó, y el institucionalismo recibió un gran golpe.

El vicepresidente, Jorge Quiroga, quien era bien conocido en Washington, y también bilingüe y familiar con los Estados Unidos, sucedió a Banzer cuando la salud de Banzer comenzó a disminuir drásticamente. La economía permaneció estancada. Sánchez de Lozada, tal vez porque quería consolidar las reformas que había instituido, tal vez porque echaba de menos estar en el poder, o ambas cosas, se postulo nuevamente a la presidencia. Estoera la segunda mitad de 2002. Logró una victoria con estrechos márgenes sobre Morales, quien surgio superando a dos candidatos principales, Manfred Reyes Villa y el ex-presidente Jaime Paz Zamora, en el segundo lugar. El factor de Morales fue inesperado. Se hizo evidente que Morales tenía una fuerza política significativa más allá del área del Chapare, más allá de su base de cocaleros.

Desde el comienzo, Sánchez de Lozada fue atacado por los recursos. El FMI insistió en que Bolivia tenía que reducir una enorme brecha financiera en el presupuesto del gobierno. No había forma de hacerlo sin recortar los subsidios o aumentar los impuestos. Goni estaba en un aprieto. En parte, estaba en un aprieto porque había seguido la recomendación del FMI de reformar el sistema de pensiones del país. Esto aumentó considerablemente la brecha financiera. Durante su presidencia, cada vez que hablaba con él, se quejaba de eso.

De todos modos, mientras todavía estaba en Paraguay, creo que en noviembre de 2002, Sánchez de Lozada fue a Washington y pidió ayuda. Tenía en mente un número: $ 150 millones de dolares. El necesitaba una inyección de efectivo, básicamente para proyectos políticos tipo clientelista, para mantener a la gente ocupada, fuera de las calles, mientras la economía mejoraba. Desafortunadamente, al menos para un país como Bolivia, Washington no funciona de esa

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manera. Bolivia no es Iraq. No es Israel o la Autoridad Palestina. Está cerca del final de la línea para nosotros en términos estratégicos. Entonces, incluso después de una súplica directa al presidente Bush, Goni regresó con las manos vacías.

Mientras tanto, en Bolivia, las cosas empeoraron. Hubo mucha agitación política y el gobierno de Sánchez de Lozada no parecía estar cumpliendo lo prometido. Para el final del año, los cocaleros de Morales habían cerrado la carretera principal a través del Chapare y se enfrentaban a la policía. Los Estados Unidos mantuvieron la presión sobreGoni para que se mantuviera firme en el frente antidroga, mientras que Morales presionó por la legalización de la coca que se producía en áreas que eran ilegales bajo la ley boliviana, la coca que se destinaba a la producción de cocaína. Así que Sánchez de Lozada estaba atrapado entre los Estados Unidos y Morales, entre la realidad política en Bolivia y el FMI, entre su propia base política, el MNR, y sus socios de coalición en el Movimiento Revolucionario de Izquierda, el MIR.

Esa fue la situación cuando llegué a Bolivia a mediados de enero de 2003. Presenté mis credenciales en tan solo unos pocos días. Los consejeros de Goni me advirtieron que no debía hablar con la prensa después de la ceremonia. No querían nada que yo pudiera decir para agitar aún más la olla. Les aseguré que tendría cuidado, pero también que tenía la intención de hablar con la prensa. No quería ser conocido como alguien que era subrepticio, evasivo.

Lo que fue interesante en la ceremonia de credenciales fue hablar con el presidente en español. El español de Goni tiene mucho acento. Debido a que creció en los EE. UU. y usó el inglés más que el español en sus años de formación, habla español como un gringo. Él abrió diciendo: “Me dijeron que tu español es mejor que mi español”. Al menos en términos de acento, estoy seguro de que ese es el caso. Después, cuando nos conocimos en privado, hablamos en inglés.

Después de la parte formal de la ceremonia de credenciales, me reuní con Sánchez de Lozada y su canciller, Carlos Saavedra Bruno. Saavedra era un político efectivo, y creo que un ministro de relaciones exteriores capaz, pero era del partido MIR, y no sé hasta qué punto tenía la confianza de Goni. Sánchez de Lozada dijo, “quiero decirles que mi objetivo principal como presidente es poder vender gas natural boliviano a los Estados Unidos.Podria caer intentandolo. Pero esto es lo que el país necesita, y esto es lo que quiero hacer”. Ese fue el sonido que obtuve de esa primera reunión y que reporté a Washington.

En ese momento, el principal punto de fricción con un proyecto de gas de este tipo no era tanto el papel de las empresas transnacionales, sino más bien hacia dónde iría el oleoducto. Con el precio relativamente bajo del gas en ese momento, la única ruta factible era a través de Chile. No obstante, debido a que Bolivia había perdido su costa hacia Chile a fines del siglo XIX, eso no era políticamente factible. Los expertos políticos insistieron en que el gasoducto debía pasar por Perú, y Perú, que necesitaba el gas boliviano para hacer su propio proyecto de gas viable, colocó incentivos poco realistas para conducir a Bolivia fuera de Chile, en el mejor de los casos para hacer de Bolivia un socio, pero más cínicamente, para asegurar que Bolivia no emerja como un competidor de gas. Perú también estaba detrás de los mercados de México y Estados Unidos. Los peruanos disfrazaron todo esto como “solidaridad” con Bolivia, una palabra por la que los bolivianos tienen debilidad.Goni nunca fue ingenuo acerca de esto, pero los bolivianos generalmente lo fueron, y lo son. No piensangeopolíticamente, aunquesusvecinosciertamente lo hacen.

Cuando surgió el tema del gas, le dije: “Supongo que estas decidido a hacer funcionar el oleoducto a través de Chile”. Estaba escribiendo mi primer cable de informes como embajador en Bolivia en mi cabeza. Pero Goni dijo: “No hemos decidido realmente”. Sentí que estaba siendo cuidadoso frente a su ministro de Relaciones Exteriores, o tal vez solo a mí. Fue una buena primera reunión. Realmente no había tratado mucho con Sánchez de Lozada cuando había sido

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encargado de la embajada y DCM años antes, pero tenía un buen presentimiento sobre él y sobre lo que estaba tratando de hacer.

P: ¿Cómo lidió la prensa con su llegada o fue usted un factor importante?

GREENLEE: El embajador estadounidense en Bolivia siempre es un factor importante. Estados Unidos, además de nuestra posición como el principal donante de ayuda bilateral, tiene un gran peso en las organizaciones de préstamos internacionales de las que Bolivia normalmente depende. Los medios bolivianos son bastante activos, pero no muy profesionales. Ellos prenden las cámaras, pegan micrófonos en tu cara y tratan de acosarte.

Llegué al país con viento en contra. Hubo una campaña de desinformación en mi contra antes de llegar. Fue lanzado por la gente que ahora dirige el país, la gente de Evo Morales. Como DCM, yo había sido el coordinador antidrogas, y el MAS, o sus sucedáneos en la prensa, me acusaron de haber planeado enfrentamientos en los que los cocaleros habían sido asesinados. Había artículos sobre mí como experto en guerra de guerrillas, porque yo había estado en el ejército en Vietnam. Se dijo que yo había sido el jefe de la estación de la CIA en Bolivia en la década de 1970, una historia que fue lanzada años antes por un ministro de Relaciones Exteriores de facto del gobierno. El jefe de misión interino en Bolivia me contactó cuando aún estaba en Paraguay sobre estas historias. Quería saber cómo debería responder la embajada. Dije que no se molesten. Pero las historias persistieron. Finalmente, dije que estaba bien decir que las historias eran invenciones, pero no ir más allá de eso. No quería meterme en el hábito de alimentar las historias de los medios negándoselos.

Incluso antes de llegar a Bolivia, Evo Morales decía que si lo mataban, todos deberían mirarme como el culpable. Este tipo de cosas todavía está en internet. Los periodistas ideológicos, personas realmente creativas, tejieron fragmentos de información de mi curriculum vitae que, por ejemplo, estuve en Vietnam y presente durante varios golpes en Bolivia e indicaron que era un asesino entrenado y un experto en derrocar gobiernos. Incluso hubo una historia que, cuando era DCM, había forzado a mi propio embajador, porque Ed Rowell se había ido temprano para convertirse en embajador en Portugal. Todo era bastante extraño, pero así era la vida en este universo paralelo. Cualquiera podia escribir cualquier cosa, y como fue escrita en alguna parte, alguien más la citaría como un hecho. La prensa nunca revisó nada, nunca siguió una historia hasta el final.

En Bolivia, la gente tiende a creer los rumores más locos y provocadores, así que tuve que superar eso. Al mismo tiempo, creo que había cierta fascinación con mi experiencia en Bolivia, y también que mi esposa era boliviana. Me ayudó también que mi esposa es muy fotogénica, que es una gran artista y una gran organizadora. Ella recaudó mucho dinero para organizaciones caritativas de Bolivia y, en la medida en que se me veía tratando de ayudar a Bolivia, la gente tendía a a ver la mano guiadora de mi esposa. Aquello fue todo para bien.

Al principio no quería empujar a mi esposa al centro de atención. Pero el centro de atención gravitó hacia ella. Ella es descendiente directa del primer mártir de la independencia en Bolivia, Pedro Domingo Murillo. Hay plazas y calles que llevan su nombre. Fue ejecutado por los españoles y su cabeza fue exhibida en una pica. Se le considera haber dicho: “Muero, pero la antorcha que dejo nunca se extinguirá”. Mi esposa sale de esa tradición. Ella iría por todo el país y diría: “Soy boliviana justo como tú. Yo era una maestra de escuela.” Ella era excelente al forjar estos enlaces. Ella ayudó a mi imagen y a la imagen de los Estados Unidos.

P: ¿Cuál era la situación en relación con la globalización y el Banco Mundial? ¿Se consideró al Banco responsable de los problemas?

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GREENLEE: Hubo un tema que atravesaba el pensamiento político boliviano -estaba en el comentario editorial y en las lenguas de los analistas de televisión- que el modelo neoliberal había dañado al país, que el consenso de Washington había fallado, y que el FMI dirigido por los Estados Unidos era demasiado cruel y rector de la economía boliviana. Había la sensación de que las personas que eran relativamente acomodadas se enriquecieron más y que la gente pobre no sacaba nada de aquello. Se creía que el producto más nuevo de Bolivia, el gas natural, estaba siguiendo la senda de las otras riquezas de Bolivia: oro, plata, estaño, guano, lo que sea, para el control de los “oligarcas” y extranjeros. Era como si el país estuviera siendo robado desde debajo.

Esa fue una parte importante del problema que enfrentó Sánchez de Lozada. Se lo vi alineándose con los explotadores y, con su acento gringo, como no siendo completamente boliviano. La gente podía ver en los mapas y sobre el terreno que los gasoductos pasaban por las comunidades sin proporcionarles gas. Ellos creían que el gas de Bolivia estaba siendo explotado para otros, no bolivianos. Goni conocía bien el problema, pero no cómo tratar con él. El sugirió que la iglesia católica o el Banco Mundial pudieran presidir y administrar un fondo generado por las regalías del gas. Esto sacaría el gas del ambito político. Pero el público boliviano no estaba convencido. Las semillas de lo que se convirtió en la “guerra de gas” en octubre de 2003 comenzaron a brotar.

Volviendo al FMI y a las instituciones internacionales, habia un gran escepticismo en Bolivia de que la privatización y la inversión ayudarían al país a despegar. Lo triste fue que los bolivianos miraron hacia atrás en los últimos 40 años, y diferentes modelos económicos, izquierda y derecha, y pudieron ver que nada había cambiado realmente. En términos reales, el crecimiento económico del país no habia excedido el crecimiento de su población. Era plano y atascado. Y los indígenas permanecieron al margen. Cada vez más emigraron a España o Argentina o Brasil o a los Estados Unidos en busca de una vida mejor. Ellos circularon a El Alto, la ciudad que se cierne sobre La Paz, desde las áreas rurales. Lo que vieron, lo que todos los bolivianos vieron, fue que el sistema político estaba lleno de corrupción.

Había la sensación de que nada estaba funcionando bien y de que estas instituciones respaldadas por los Estados Unidos eran fundamentalmente culpables, de que una formula para el desarrollo había sido impuesta sobre el país que no estaba funcionando. Tenía que haber un cambio. El presidente del país, que creía que una implementación completa del consenso de Washington –incluida la reducción de la corrupción– finalmente podría levantar al país, fue controlado por un mundo vacilante y una economía regional. Es como si los bolivianos se dijeran a sí mismos: “Probamos esta cosa neoliberal por un tiempo y ahora tenemos al mismo tipo como presidente y no estamos mejor”.

Algunos dijeron que el FMI estaba instando al presidente a cortar el subsidio a la gasolina. Escuché de un miembro del FMI sin embargo, que no hubo tal sugerencia, solo que se encontrara una manera de reducir la brecha financiera, que fue de alrededor del 9%, por unos pocos puntos. Sánchez de Lozada me dijo que había considerado diferentes formas de cerrar la brecha, pero recortar el subsidio a la gasolina era muy regresivo. Significaría que las personas en el fondo de la escala económica tendrían que pagar más por sus papas. Lastimaría a los más pobres de los pobres.

Entonces él intentó algo más. Lo que intentó fue imponer un impuesto sobre la renta personal a las personas con ingresos medios y altos. Esto es lo que el comenzó a circular públicamente, en la forma de un proyecto de ley cuando presenté mis credenciales. Pero estalló de una manera únicamente boliviana. El gobierno anterior habia prometido a la policía nacional un aumento salarial significativo. En cambio, con las medidas sugeridas por Goni, se enfrentaron a lo que equivalía a un recorte salarial. Asi que, una unidad de la policía se fue a la huelga. Primero, se

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atrincheraron en sus cuarteles. Luego, cuando fracasaron las negociaciones con el gobierno, marcharon hacia la Plaza Murillo, donde se localizaban el congreso y el palacio presidencial, la sede del gobierno. Esto fue durante la primera mitad de febrero, creo que 10 de febrero. Curiosamente, la policía tenía muchos simpatizantes. Los bolivianos no parecían alarmados de que la policía fuera a la huelga. ¿No tenían derecho como todos los demás? Además, ellos estaban en contra de una acción del gobierno para reducir su salario, justo como todos los demás. Así que la policía en huelga, representaban en cirta forma a la clase media.

La policía se congregó en Plaza Murillo y tomó posiciones alrededor de la plaza. Eventualmente ocuparon el techo del Ministerio de Relaciones Exteriores. Mientras tanto, un grupo de escolares, organizados por un líder sindical radical trotskista, también marcharon sobre la plaza. Los estudiantes comenzaron a tirar piedras al palacio presidencial, que estaba custodiado por un contingente militar en gran parte ceremonial. Los guardias dispararon algo de gas lacrimógeno, que aterrizó en medio de la policía en huelga. La policía reaccionó con disparos y los guardias dispararon de vuelta. En el tumulto, que se prolongó durante todo el día, un número de civiles, así como policías y soldados, fueron muertos o resultaron heridos, y varios edificios fueron incendiados. Ese fue el final del intento de Goni de recaudar ingresos a través de un aumento de impuestos. Muchos vieron la acción policial como justificada. Fue bizarro.

Hubo mucha desinformación sobre lo que sucedió. Creo que el presidente pensó que la policía estaba tratando de asesinarlo, porque se dispararon muchos disparos contra su oficina. Podría haber estado en lo correcto, pero podrían haber sido disparos al azar en el edificio. En cualquier caso, se escapó cuando la situación comenzó a transtornarse, escapando por la parte trasera del palacio presidencial.

Como resultado, al día siguiente, las cosas se calmaron. Creo que lo que sucedió asustó a todos. Todos pudimos ver cuán frágil era la situación. Nuestra sensación era que la policía y el ejército no podrían trabajar juntos durante mucho tiempo. Estábamos equivocados acerca de ello. Las dos organizaciones nunca se habían llevado bien, al menos no desde la revolución de 1952, cuando estaban en lados opuestos. Pero al menos restablecieron la relación que habían tenido con bastante rapidez.

Lo que el motín policial nos trajo a todos fue que Bolivia necesitaba dinero de algún lugar rápido. Así que Washington apareció con $ 10 millones, y algunos otros se unieron. La crisis financiera se alivió, pero la crisis política se mantuvo. Bolivia no estaba funcionando, el gobierno estaba vacilante. Sánchez de Lozada, creíamos, tenía las respuestas correctas para Bolivia, pero el momento era malo. Él había hecho los cambios necesarios en la manera en que Bolivia trabajaba, imponiendo los tipos de reformas que parecerían no-excepcionales en un estado moderno. Pero lo que probablemente debería haber tomado un par de décadas se comprimió en solo unos pocos años, facturando en su primer mandato también. En términos políticos, le dio indigestión a Bolivia.

No mucho después de que llegue al país me involucré en un incidente que nunca fue bien entendido públicamente, pero del que francamente no actué de la manera correcta. Habíamos recibido información, muy bien fundamentada, y de hecho de más de una fuente, de que algunas personas cercanas a Evo Morales habían llegado a la conclusión de que el no podía ser elegido presidente y debían ser retirado en favor de un político procubano más capaz, llamado Antonio Peredo. El sentido de lo que teníamos era que tanto Morales como un compañero cercano suyo en ese momento, Filemón Escobar, serían sacados, es decir, asesinados, para despejar el camino a Peredo. No estaba claro si Peredo era parte de la trama. Ahora, si obtienes información como esta, ¿qué haces con ella? La política norteamericana era que teníamos el “deber de advertir” si teníamos información creible de un atentado probable sobre una vida humana.

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Esta política, si puedo llamarla así, surgió de un incidente en Haití con el que estaba familiarizado. Sucedió en 1995, antes de convertirme en coordinador de Haití. Los Estados Unidos habían obtenido inteligencia increíble de que un político prominente llamado Mireille Durocher Bertin podría ser asesinado. La policía estaba informada pero aparentemente no la víctima destinada. La policía no hizo nada y ella fue asesinada. Algunos en el congreso de Estados Unidos criticaron a la administración Clinton por eso. De eso surgió una política de “deber de advertir”.

Verificamos con Washington si la información que habíamos obtenido cruzó el umbral del “deber de advertir”. Recibimos una opinión, creo que una opinión legal, que sí lo hizo. Confieso que no estaba contento con esa opinión. En efecto, me estaban instruyendo para tomar una acción que podría sembrar un poco de discordia en las filas de un grupo político que tomó deleite al oponerse a todo lo que defendíamos. ¿Pero qué hacer? No teníamos ni queríamos tener contacto directo con Morales o Escobar, pero queríamos que la información se les transmitiera de alguna forma. Decidimos que el mejor conducto sería el vicepresidente, Carlos Mesa. Como presidente del congreso, él podía transmitir lo que teníamos para ellos.

Nuestro primer error fue proporcionar la información en forma escrita. El segundo error fue dárselo a Mesa. Era un periodista e historiador de profesión, no una persona de discreción o confianza. Hizo su parte al transmitir la información. Escobar, nos dijo el, reaccionó nerviosamente, diciendo: “Lo sabía” y busco protección. Morales, por otro lado, no lo creía. Lo vio como un truco de los Estados Unidos y lo denunció públicamente. Mesa, sintiéndose incómodo, habló luego a la prensa y publicó el documento no impreso de una página que le habíamos dado. Por supuesto, la prensa hizo su agosto. Yo parecí torpe en el mejor de los casos, y aparentemente en personaje como el retorcido manipulador que la prensa de izquierda había descrito que era. Si me busca en internet, eso es lo que encontrará.

De vuelta a Goni. A medida que transcurrian las semanas, los problemas que eran tan evidentes en febrero parecían resueltos al menos superficialmente, y de hecho, el presidente pareció fortalecido cuando otro partido se unió a su coalición. Esta era la Nueva Fuerza Republicana de Manfred Reyes Villa. Ellos estaban ansiosos por conseguir un pedazo del gobierno, y creo que Sánchez de Lozada descubrió que podía trabajarlos mejor de lo que podría hacerlo con el MIR, su otro socio de la coalición.

Pero por debajo quedaron serios problemas. La tensión por el exceso de producción de coca continuó, y Evo Morales comenzó a expandir su alcance, emergiendo cada vez más y más como un líder “socialista” y defensor de los recursos naturales de Bolivia. Dio un paseo sobre el tema del gas. Alrededor de junio o julio empezamos a escuchar que se estaba planeando una marcha para septiembre u octubre contra el proyecto de Goni para encontrar una manera de vender gas a los Estados Unidos. El involucramiento de Morales no estaba claro, o al menos no recuerdo en qué magnitud el era un factor. De hecho, en octubre, se contuvo y no fue un conductor principal de lo que sucedió. Pero en aquellos meses previos a septiembre y octubre muchas otras cosas estaban sucediendo. Hubo muchas demandas sociales, asuntos salariales, problemas laborales, problemas de infraestructura. Muchas cosas, y todas estas cosas comenzaron a cruzarse con el problema del gas.

Hubo otro líder campesino, Felipe Quispe, más duro en muchos aspectos que Evo Morales. Quispe había hecho tiempo para las actividades de la guerrilla, para volar algunas torres eléctricas, según recuerdo. Él no era un cocalero. Él era puramente un tipo del altiplano. Él controló un área alrededor del Lago Titicaca, y durante la presidencia de Banzer había inmovilizó al país con algunos cierres dramáticos de caminos y otras acciones. Pero Quispe habia estado muy inactivo en el primer semestre de 2003. El estaba obteniendo tractores del gobierno para los

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campesinos de su área, por los cuales el gobierno español estaba pagando. Este fue un trato que el consiguo por no bloquear los caminos que el había bloqueado. Fue una recompensa, una especie de acuerdo político.

Pero luego el se convirtió en protagonista de un par de incidentes. El primero, en julio, tuvo lugar cuando se robaron ganado en el area de Pucarani, a un par de horas en coche de La Paz, en el altiplano. La gente de esa área no confiaba en que el sistema de justicia boliviano para manejara el asunto, por lo que le pidieron ayuda a Quispe. Envió a sus ejecutores, que rastrearon a dos o tres sospechosos, los torturaron y los mataron. Cuando el incidente fue difundido, un fiscal de La Paz o de El Alto intentó intervenir. Se hicieron arrestos, pero Quispe organizó protestas y los vigilantes finalmente aparecieron. Eso demostraba que el gobierno era débil y que la justicia comunitaria podía prevalecer sobre la justicia institucional, y que Quispe, que habia parecido un poco en declive politicalmente, aún podía hacer que las cosas sucedieran.

El segundo incidente estuvo ligado con las protestas contra el gas, las cuales estaban reuniendo fuerza alrededor de La Paz y también en el área de Cochabamba. Los campesinos, en la zona de influencia de Quispe, habían bloqueado un camino que conducia a Sorata, un pueblo en un valle tropical popular entre los turistas. Muchos bolivianos y varias decenas de extranjeros, incluidos estadounidenses, quedaron varados en Sorata. Era una cuestión de preocupación entre los bolivianos y la comunidad diplomática. El gobierno preparo un convoy para sacarlos. Pero los campesinos, organizados por Quispe, emboscaron a las escoltas policiales hacia el convoy, aumentando las tensiones considerablemente. Un par de policías o soldados fueron asesinados, pero también varios campesinos.

Estos incidentes y otras protestas más pequeñas –cerca de 50 en total– crearon un escenario para la gran protesta contra el intento de Goni de exportar gas natural boliviano a través de la costa del Pacífico. La atmósfera política estaba cargada, más de lo que ninguno de nosotros se habia dado cuenta. El gobierno no tenía autoridad, no tenía legitimidad y todo era caótico.

P: ¿De nuevo sobre qué era la protesta del gas? ¿Cuál fue el problema?

GREENLEE: El problema fue más complicado que los slogans de la protesta. La constitución boliviana le dio a Bolivia la propiedad de sus recursos naturales. Pero las empresas privadas tenían “propiedad” del gas después de la boca del pozo. Los manifestantes se movilizaron alrededor de la idea de que Bolivia debería poseer el gas tanto sobre el suelo como debajo del suelo. Más que eso, el gas debería ser industrializado en Bolivia y los derivados del gas, así como el gas en sí mismo, podrían exportarse, pero solo después de que las necesidades internas de Bolivia fueran asistidas.

Más tarde, durante la campaña electoral de 2005, la idea de nacionalización de las empresas privatizadas de hidrocarburos realmente se cristalizó. Pero en octubre de 2003, el principal punto neurálgico era la posibilidad de que el gas de Bolivia seria exportado a través de Chile, y también en un grado de que podría terminar en Estados Unidos. Había mucho odio en un paquete, el lado oscuro del nacionalismo. La reqalidad, la realidad geológica, sin embargo, era y es que hay una gran cantidad de gas para todos, lo suficiente como para atender las necesidades de Bolivia durante 300 o más años, incluso exportando la mayor parte a otros países.

De nuevo, no nos dimos cuenta de cuán seria esta protesta podría ser. Sabíamos que sería grande, pero los vimos mas como una descarga de emociones que como un potencial resultado final. Ninguna decisión se habia tomado sobre el gas. Ningún desafio había sido arrojado. Pensamos que esto sería solo otro componente en el debate nacional de Bolivia. Pero esa no es la forma en que se desarrolló.

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De hecho, yo acompañé a varios funcionarios bolivianos de alto nivel a París para una reunión de “donantes” patrocinada por el Banco Mundial para generar apoyo económico adicional para el país al igual que la protesta del gas estaba ganando fuerza. Fui a reforzar los argumentos de Bolivia para aumentar la ayuda. La reunión fue bien. Iba a pasar un par de días después de las vacaciones, mi esposa y una de mis hijas también estaban allí, pero mi DCM me llamó y me dijo que la situación había cambiado. Hubo confrontaciones violentas ese día y personas fueron asesinadas. Así que retorne.

El peor incidente involucró un convoy de camiones de gasolina que había pasado sin incidentes a través de un bloqueo en una multitud de manifestantes que rodeaban la ciudad de La Paz. Los camiones debían llevar gasolina desde un punto de almacenamiento de gas, en Senkata, cerca del aeropuerto. Los surtidores en la ciudad, debido a las protestas, se estaban agotando. Los suministros de alimentos también estaban amenazados. En el camino de regreso, los camiones, llenos de gasolina, fueron rodeados y apedreados. Las escoltas militares chocaron con los manifestantes. Indudablemente hubo una falta de disciplina en el lado militar. La gente murió, al menos una docena en aquel incidente. Y hubo otros incidentes, antes y después, y el número de muertos llegó a unos 56, creo, incluyendo algunos militares y policías, alguien involucrado en un accidente de tránsito y un tipo que se inmolo al arrojar un cóctel Molotov. Pero el punto de inflexión fue el incidente del convoy de gasolina. Después de eso, la clase media de La Paz, y muchos en la prensa y el clero, se volvieron contra Sánchez de Lozada. La violencia no se entendió en el contexto de la insurrección popular, sino más bien como una “masacre” inducida por el gobierno.

Así que dejé París inmediatamente. Tomé un vuelo nocturno a Sao Paulo, pero no tuve conexión con Bolivia. Mi gerente de oficina, Anne Kirlian, habló con el embajador de Brasil, quien intervino con un operador brasileño para que me llevara hasta Santa Cruz. Debido a la situación en La Paz, el vuelo no podía continuar desde allí. Así que la embajada ordenó que fuera recogido por uno de los C-130 que dirigimos para el programa antidroga. Cuando llegué al aereopuerto en el El Alto, un helicóptero de la fuerza aérea boliviana sobrevoló por encima de las líneas de confrontación hasta un lugar cercano a la embajada, donde fui recibido por el ministro de Defensa de Bolivia. El estaba claramente preocupado.

Hablé con Sánchez de Lozada un número de veces en los siguientes días. Al principio el parecía confiado en que podría soportar la crisis, pero cuando la clase media lo abandonó, y hubo vigilias en las iglesias para obligarlo a salir, se hizo evidente que probablemente tendría que irse. Fue irónico que este hombre de centro-derecha me dijera, más de una vez, que su modelo era Salvador Allende. “Si tengo que salir, será el pie primero”, diría el, “como Allende”.

La situación, la situación de Goni, se estaba deteriorando rápidamente porque había muertos, muertes que estoy seguro que la oposición, la izquierda radical, deseaba fervientemente. Los muertos eran “mártires”. Sus funerales fueron explotados políticamente. Las muertes catalizaron la clase media y las clases media-alta e intelectual. En Bolivia, la protesta se genera en los huesos. Los manifestantes se veian asi mismos como “víctimas”, y las víctimas, cualquiera que sea el agravio, son vistas ipsofacto como si tuvieran el derecho de protestar. La iglesia católica, aunque dividida internamente, se inclinó hacia los manifestantes y organizó vigilias con velas y huelgas de hambre. La actitud fue cada vez más, “Goni tiene que irse. Necesitamos paz en Bolivia Necesitamos una nueva reestructuracion”. Mucha gente buena y honesta estuvo involucrada en estas vigilias, pero otros las vieron como instrumentos puramente políticos. Hubo mucha charla suelta sobre los derechos humanos, los derechos de las personas y muy poco sobre el gobierno constitucional, o sobre la sedición, excepto en los círculos más cerrados y dentro del gobierno disminuido de Goni.

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Mientras tanto, los mineros se estaban organizando para marchas en la ciudad, y existía la posibilidad de una confrontación más grande y más violenta. Probablemente hubo alguna preocupación en el gobierno sobre si el ejército obedecería las órdenes si se pasaba a un verdadero enfrentamiento. En cualquier caso, las tropas no estaban bien disciplinadas. Su sobre- reacción a la ola inicial de protestas jugó para la mano de la oposición.

Luego estaba el problema del vicepresidente, Carlos Mesa. Nunca había sido parte del círculo íntimo de Sánchez de Lozada y es posible que no se le haya consultado, o haya sabido mucho acerca de las acciones del presidente para romper o al menos controlar las protestas. Mientras que las cosas empeoraron, Mesa se distanció del gobierno y posiblemente –no lo sé esto con certeza– comenzó un diálogo con la oposición. Sea que haya sido o no ese el caso, él asumió la posición de que podía permanecer como vicepresidente, es decir, en la línea de sucesión inmediata, excepto retirarse del gobierno. Era una conveniente posición política, que podría ser retratada como una posición moral. También podría leerse como una traición. Para las clases medias e intelectuales que protestaban, Mesa surgió como una alternativa segura a Goni. Él era uno de ellos, después de todo.

Mientras Goni todavía aguantaba, fui a ver a Mesa. Fue una reunión difícil, porque él había decidido alejarse del presidente. Discutí con él, pero por supuesto yo era un extraño mirando adentro. Dije: “Estados Unidos ha trabajado duro para apoyar la democracia en Bolivia. Lo que está pasando en la calle no es democracia. Es caos. Es desafortunado que se haya derramado sangre, pero este es un gobierno constitucional. Si quiere deshacerse del presidente, existe una forma constitucional de hacerlo. Podrías exigir su destitución.” No llegué a ninguna parte con esta línea de pensamiento. Finalmente, dije: “Si no puedes apoyar a tu presidente, ¿por qué no renuncias?”. Este era un punto filosófico, no político. Ciertamente no era algo que estaba diciendo por instrucciones de mi gobierno, aunque era, lo sabía, la posición de algunas personas cercanas a Goni. Y tenia sentido para mí. Pero, como ya he dicho, yo era un extraño. Bolivia no era mi país. Pero me dolió ver a un gobierno constitucional siendo barrido.

En retrospectiva, me equivoqué en una cosa, algo fundamental. Lo que estaba reuniendo fuerza no era el pulso usual de un golpe, lo que había experimentado varias veces antes en Bolivia. Era más profundo y más amplio que eso. Fue una nueva fase para el país. Fue una corriente revolucionaria.

Cuando Mesa y yo terminamos de hablar, alguien nos dijo que la prensa estaba afuera. Dije: “¿Llamaste a la prensa?” Dijo que no, y me preguntó si yo los había llamado. Resultó que un equipo de televisión había recogido un poco de tráfico de radio de mi movimiento a la casa de Mesa. Entonces, juntos, salimos y hablamos con las cámaras como si hubiéramos tenido una conversación amistosa y constructiva. No fue nada de eso, pero actuamos nuestras partes. Estoy seguro de que me vio como un intruso. Lo vi como un tipo que quería ser presidente, y sabía entonces que Sánchez de Lozada probablemente no podría aguantar. Pero independientemente de lo que hizo Mesa, me di cuenta más tarde de que Goni no habría podido permanecer en el cargo. La ira generada por las protestas y los enfrentamientos era demasiado.

Pude ver el desenlace de la presidencia de Sánchez de Lozada, pero hicimos lo que pudimos para detenerlo. Estuve en contacto con Goni y su gente, y constantemente en contacto con Washington. La posición de Goni se volvió insostenible cuando el NFR de Manfred Reyes Villa lo abandonó. Eso dejó solo al MIR, encabezado por el ex presidente Jaime Paz Zamora. También estuve en contacto con él. Me impresionó en las últimas horas de la presidencia de Goni, porque podría haberse alejado. Pero hasta el final, trató de cruzar las brechas y mantener las cosas juntas. Parecía más interesado en el país que en su futuro político. En eso, me pareció diferente de Mesa.

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No sé cuándo el presidente tomó la decisión de irse, pero fue poco después de que él me asegurara que lo iba a aguantar. Escuchamos el rumor de que el estaba a punto de renunciar. Lo llamé alrededor del mediodía del 19 de octubre de 2003. Le dije: “Estoy escuchando que te vas a ir”. Él dijo: “Sí, estamos redactando las condiciones. Estamos escribiendo una carta. El congreso se va a reunir y presentaremos la carta. Dirá que esto es realmente un golpe.” Dije, “Sr. Presidente, usted sabe que lo hemos apoyado, y queremos una solución que sea constitucional. Si pone en la carta que esta siendo forzado a salir por un golpe de Estado, no podremos apoyar a Bolivia. Complicará nuestra habilidad para ayudar a este país, para ayudar a lo que quede en su país. Él dijo: “Lo pensaré”.

Él sacó aquella cláusula de la carta. Meses después, me dijo que creía que yo tenía razón, pero seguía convencido de que había sido víctima de un golpe y que Mesa había jugado un papel fundamental en ello.

Entonces Goni se fue. Un helicóptero de la fuerza aérea boliviana lo sacó, y el avión presidencial lo llevó a él y su familia a Santa Cruz, junto con un par de otros de su círculo íntimo. La policía y los militares se portaron muy bien. Le fue permitido irse. Salió de Santa Cruz en un vuelo comercial esa noche, justo después de que el congreso, en sesión de emergencia, votara para aceptar su renuncia. Más tarde me dijo que había insistido en permanecer en Bolivia hasta que se completara el acto final. Se adhirió a las formas de la democracia. Muchos otros no lo hicieron.

En un punto, Goni según se informa, consideró la posibilidad de establecer un gobierno en Santa Cruz, pero no siguió ese camino. Eso podría haber encendido una guerra civil. Él simplemente se fue en la noche. El centro de operaciones del Departamento de Estado me llamó con un mensaje del Secretario Powell. Quería saber cuándo llegaría el avión a Miami. Por nuestra parte, habíamos estado trabajando con las autoridades allí para asegurarnos de que Goni fuera tratado al llegar, como el amigo de nuestro país que era.

Mi reto inmediato fue cambiar el rumbo y lidiar con Mesa, quien juró como presidente la noche en que se fue Goni. Tuvimos que seguir adelante. Asi que, la mañana siguiente, el primer día de Mesa en el cargo, insisti en llamarlo al palacio presidencial. Era el primer embajador en hacerlo. Quería asegurarme de que todos pudieran ver que Estados Unidos continuaba apoyando a Bolivia y a la democracia boliviana. No era la primera vez, ni sería la última, que nuestra posición, tanto pública como privada, tenía que ser: “Vamos hacia adelante, hagamos que nuestra relación funcione”.

No mucho después de esta reunión hubo un artículo en Pulso, un periódico político. Había un relato muy interesado, desde el punto de vista de Mesa, de esa acalorada discusión que habíamos tenido antes de la renuncia de Sánchez de Lozada. Había solo cuatro de nosotros en la habitación, dos a cada lado. Me llamó la atención que una versión de lo que habia sucedido saliera de la manera en que lo hizo, con Mesa pintado como el gran patriota que se enfrentaba al representante del “imperio”. En una reunión fuera de línea, se lo dije. Le dije que nadie de mi lado había filtrado nada a Pulso, y estaba preocupado de que él, su asistente ejecutivo o alguien cercano a él lo hubiera hecho. Mesa retrocedió y dijo: “Por favor, le está hablando al presidente de Bolivia”. Pensé, bueno, está bien. Los embajadores están cerca para que sean aprovechados.

Sin embargo, el propósito de la reunión en la que me quejé del artículo del “Pulso” fue diferente. Fue para hablar sobre el caso legal que se estaba montando contra Sánchez de Lozada por genocidio. Esto nos interesaba porque Sánchez de Lozada había terminado en los Estados Unidos. Vimos el caso como esencialmente político. Me preocupaba que Mesa tuviera un rol en promoverlo para sus propios propositos. Yo quería hablar de eso. El me aseguró que no estaba tratando de presionarlo. Era un asunto del sistema judicial, dijo el. Pero la realidad es que nada en Bolivia, y nada que involucrara al poder judicial, es tan simple. El principal funcionario

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juridico de Mesa, el equivalente de nuestro fiscal general, claramente estaba presionando el caso con las autoridades fiscales de Sucre. La posición de Mesa podía haber sido neutral, como me aseguró. Pero otra lectura es que le interesaba ver a Sánchez de Lozada clavado como un criminal. Eso justificaría que lo abandonara y que luego lo sucediera como presidente. Francamente no sé cómo evaluar esto. Pero estaba consternado por la cantidad de ex- compañeros de Goni, y personas que le debían mucho politicamente y sin duda personalmente, parecían contentos de verlo colgado para secarse.

Tuve varias discusiones interesantes con Mesa durante su presidencia. Me reuní mas frecuentemente con su ministro de la presidencia, José Antonio “Pepe” Galindo, a quien valoré como amigo. Pepe me ayudó a evaluar cuán difíciles eran los desafíos cotidianos de Mesa. Fueron ciertamente difíciles. Pepe solía decir que el gobierno de la Mesa jugaba al ajedrez en tres niveles. Si Mesa parecía arrebatar el poder a Evo Morales y sus socios del MAS, Pepe diría que fue porque ellos evaluaron que solo el MAS era capaz de tumbarlos. Creo que fue una buena lectura sobre donde las cosas se mantenían durante el tiempo de Mesa en el cargo.

Un punto alto para Mesa parecía ser cuando orquestó un referéndum sobre cómo manejar el gas natural de Bolivia y las relaciones con Chile. Fue una estrategia política inteligente, diseñada para darle a Mesa un sólido mandato electoral. Las preguntas estaban relacionadas con el derecho soberano de Bolivia a controlar los recursos de hidrocarburos, tanto en boca del pozo como bajo tierra, y la estrategia de Mesa de obtener una salida soberana al mar a cambio de permitir que el gas natural boliviano sea vendido a Chile. Hubo cinco preguntas y todas efectuadas por un gran margen. Esto fue a principios de julio de 2004. Mesa parecía tener un apoyo sólido para continuar. Pero luego trató de forzar un tema a través del congreso y tropezó. Un día parecía fuerte, al día siguiente, débil y él era débil. Su apoyo popular era ilusorio.

Mesa intentó ser un presidente populista, no uno institucional. De hecho, no creo que tuviera mucha de una opción institucional. Las instituciones, tal como estaban, se habían erosionado gravemente antes de octubre de 2003. Durante la presidencia de la Mesa se erosionaron aún más. Vimos que Mesa era adepto en dar discursos y besar la bandera boliviana sobre un balcón del palacio presidencial ante multitudes de pañuelos desesperados por la paz y un atisbo de gobierno. Pero Mesa no pudo hacer las cosas. Y al final, la gente lo abandonó. Lo más importante, Evo Morales se aseguró de que no pudiera tener éxito.

Tratamos de ayudar a Mesa al liderar una campaña internacional de recaudación de fondos, y de hecho recaudamos mucho, cerca de 80 millones de dolares, según recuerdo. Mesa, en un momento dado me comentó que, a pesar de todos los comentarios negativos que los bolivianos tendían a hacer sobre la administración Bush, Estados Unidos había cumplido. Los europeos hablaron mucho y no dieron nada. Pero Mesa no pudo controlar la política del país. Él no era un tipo para las trincheras. Él no quería mezclarlo. Y dejó en claro que nunca usaría la fuerza para hacer cumplir la ley. Solía decirme que no quería ser presidente. Tal vez no lo queria, al menos cuando llegaron las cosas difíciles.

En tanto que Mesa se dbilitaba, el hizo una concesión clave a Morales, algo con lo que Goni había jugado, pero que nunca hizo. Permitió a los cultivadores de coca de Morales tener algunas parcelas legales en el área del Chapare. La coca allí no era para uso legal y cultivarla allí iba en contra de la propia ley de Bolivia. Pero él hizo esa concesión. Nosotros, los Estados Unidos objetamos, pero nos acomodamos a eso. No estoy seguro de que deberíamos haberlo hecho, pero teníamos poca influencia. No era la primera vez que nuestra política de coca tenía que adaptarse a la realidad boliviana. Tampoco sería la última vez. El gran problema fue la democracia. En mi diálogo con Washington siempre insistí en poner la democracia por delante de la coca.

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P: Durante este tiempo, ¿había dinero de corrupción de traficantes de droga? Habla sobre el problema de la coca
GREENLEE: Cuando estaba en Bolivia a fines de los 70, la coca no era dominante en nuestra política, pero a fines de los 80, cuando regresé como DCM, había mucha más coca y mucho más tráfico de cocaína. A medida que trajimos recursos para enfrentar el problema, nuestra diplomacia tomó una ventaja más aguda. Los bolivianos nos veían obsesionados por la coca, la cual ellos no consideraban un problema grave, y obsesionados con el tráfico de cocaína, que reconocieron que debía ser abordado, pero que no creían que les afectara demasiado. Era nuestro problema. El tráfico de cocaína enriqueció a algunos bolivianos, y el dinero lubricaba la economía. Llegó al punto en que los bolivianos en general dijeron que los Estados Unidos deberían compensar a Bolivia en la medida en que Bolivia dejó de producir coca para la cocaína. Así que entramos en el desarrollo alternativo.

Después de dejar Bolivia como DCM, en 1989, la dinámica cambió un poco, porque Colombia comenzó a cultivar coca en grandes cantidades. Antes de eso, Perú y Bolivia suministraban “pasta” y “base”, que los químicos colombianos convertian en cocaína y la cual los traficantes colombianos enviaron a los Estados Unidos. Pero cuando los traficantes colombianos comenzaron a cultivar su propia coca, el mercado en Bolivia se deprimió, y había margen para un programa de erradicación y sustitución de cultivos exitosos. Así que durante los 90, con mucho trabajo bueno en ambos lados, miles de hectáreas de coca boliviana fueron erradicadas, y Bolivia escapó del llamado circuito coca-cocaína.

Pero la coca siguió siendo un cultivo básico para muchos bolivianos, y el producto de cocaína producido por los bolivianos, que era una base de bajo grado, comenzó a fluir hacia Brasil y Europa principalmente. Muy poco fue a los Estados Unidos, pero nuestra presencia de interdicción permaneció, y nuestras políticas de interdicción de coca y cocaína continuaron chocando a los bolivianos. Evo Morales explotó efectivamente el resentimiento boliviano de nuestra gran presencia y nuestra insistencia sobre la cuestión de la coca, aparentemente a expensas de otras acciones.

Para el momento en que regresé a Bolivia como embajador, nuestra embajada en La Paz era una de la docena o la más grande del mundo. Era demasiado grande, y nuestra política de coca/cocaína estaba complicando otras cosas, como nuestro apoyo a la democracia. Pero como embajador juegas la mano que te reparten, no la que quieres jugar.

Estábamos en la incómoda posición de ser el extremo afilado, el músculo, en el problema de la coca/cocaína, aunque, al menos cuando estaba en Bolivia como embajador, solo alrededor del 1 % de la cocaína en nuestras calles era de Bolivia. Estábamos lidiando con lo que era más directamente un problema brasileño, español y europeo, asi como, por supuesto, un problema boliviano. Y en términos de consumo, descubrimos que incluso el consumo per cápita de cocaína en Bolivia era equivalente al de los Estados Unidos. Pero estos argumentos tenían poco peso en Bolivia. La coca y la cocaína fueron vistos como problemas con los que los Estados Unidos tenían que lidiar y estaban atascados. Para los demás, era un problema de salud pública, un asunto cultural.

P. Eso da algo de contexto, pero ¿qué pasó con Mesa?

GREENLEE: Mesa descubrió que no podía gobernar. Ese ha sido el destino de la mayoría de los presidentes bolivianos en la historia reciente. Estaba acosado por manifestaciones y huelgas. El no podía, y no haría, hacer cumplir el orden. Fue especialmente fastidiado por el congreso boliviano. En un momento, Pepe Galindo me preguntó qué haría Estados Unidos si Mesa disolviera el congreso. Dije que estaría suprimiendo la democracia y que reaccionaríamos de esa

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manera. Galindo me aseguró que era solo una idea, pero luego trató de manejarlo directamente, por teléfono con Washington. Estaba actualizado desde Washington sobre esa conversación, y la respuesta fue la misma. Mesa lo negaría, pero estoy seguro de que la idea tuvo su bendición.

Mesa estaba atascado. Él se inclinó y finalmente se rompió. Las mismas frustraciones y demandas que habían llevado a la gente a las calles en contra de Sánchez de Lozada se desataron sobre Mesa. Hubo un problema con la provisión de servicios de agua en El Alto y una compañía francesa, Suez Lyonnaise des Eaux, estaba en el punto de mira. Hubo otros problemas volátiles. Mesa fue acorralado en una esquina. Presentó su renuncia al congreso un par de veces, inicialmente en un esfuerzo por revalidar su mandato. Finalmente, cuando lo presentó por tercera vez, en junio de 2005, era evidente que no podía continuar. Él estaba acabado. Creo que en ese momento debe haberse sentido genuinamente aliviado de no ser presidente.

Luego estaba la cuestión de quién lo sucedería. Según la constitución, sería el presidente del Senado, Hormando Vaca Diez o, si era el, el presidente de la Cámara de Diputados, Mario Cossio. Vaca Diez claramente quería la presidencia e hizo lobby para ello. Hubiera sido más duro que Mesa, pero, siendo de Santa Cruz y del partido del MIR, que había perdido el apoyo popular, probablemente habría tenido una base demasiado estrecha para gobernar. Cossio no lo quería y tampoco tenía el respaldo necesario.

Esto se desempeño durante varios días. Hubo una percepción de que la embajada de Estados Unidos apoyaba activamente a Vaca Diez, pero ese no era el caso. Lo que queríamos era una sucesión constitucional y él era el siguiente en la fila. Si no lo conseguía, y Cossio daba un pie al costado, entonces la presidencia iría al jefe de la corte suprema, Eduardo Rodríguez Veltzé, a quien se le exigiría que convocara a nuevas elecciones dentro de seis meses. Queríamos que el proceso constitucional funcionara.

Vaca Diez quería nuestro respaldo explícito. No lo consideramos. Curiosamente, una delegación de jefes de misión europeos me llamó para pedirme que dijera a Vaca Diez que cediera, para que Rodríguez pudiera ser presidente y llamara a nuevas elecciones. Les dije: “Si entiendo lo que dicen, quieren que Estados Unidos intervenga en los asuntos internos bolivianos para hacer que la persona que se encuentra en la línea de la presidencia se haga a un lado. ¿Es eso correcto?” Uno de los europeos dijo: “Sí, eso es correcto”. Anoté eso para el registro. Estados Unidos no intervino. Pero algunos de los mismos europeos que estaban dispuestos a criticarnos por estar demasiado involucrados en los asuntos internos bolivianos querían que hiciéramos precisamente eso.

Bueno, VacaDiez quería la presidencia y la hubiera tenido, excepto que el MAS y otros grupos organizados rodearon Sucre, donde la sucesión iba a tener lugar, y amenazaron hasta el punto en que Vaca Diez tuvo que hacerse a un lado, y luego Cossio se hizo a un lado, dejando la presidencia a la persona que menos la quería, el presidente de la Corte Suprema, Eduardo Rodríguez.

P: ¿Cómo era él? ¿Era competente?

GREENLEE: Rodríguez no era un político y no tenía deseos de poder. Era un hombre decente e inteligente, y en su período de seis meses demostró que podía gobernar bien y honestamente. Su administración fue competente y apolítica. Su gabinete fue profesional. Su ministro de Asuntos Exteriores sabía sobre el mundo y cómo funcionaba la diplomacia. Fue un intervalo brillante para un país que había sido acosado por tanta turbulencia. Como el trabajo principal de Rodríguez era llevar al país a elecciones dentro de seis meses, los manifestantes, creo, le dieron un descanso que no le hubieran dado a Vaca Diez. Más directamente, Evo Morales y el MAS, en una posición política fuerte mirando a las elecciones, le permiten gobernar el país.

Rodríguez fue un hombre honorable y bueno en un lugar difícil. Y algo sucedió durante su presidencia que le ha perjudicado personalmente, política e incluso económicamente, que haya

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involucro a los Estados Unidos. Durante su tiempo en el cargo, nos comprometimos a ayudar a Bolivia a eliminar algunos misiles tierra-aire que se habían deteriorado hasta el punto de que no eran seguros. Su almacenamiento y monitoreo seguros también se convirtieron en un desafío para el ejército boliviano. Después del 11 de septiembre hubo un impulso a nivel mundial para reducir el número de tales misiles, llamados MANPADS (sistemas portátiles de defensa antiaérea), que estaban en peligro de caer en manos de terroristas. Esta no fue solo una iniciativa de los Estados Unidos, sino también bien recibida por la OEA, entre otras entidades internacionales.

Habíamos estado en diálogo con los militares bolivianos durante muchos meses sobre sus inestables MANPADS. Ese diálogo no estuvo activo al inicio de la presidencia de Rodríguez. Pero un día, sin la participación o el conocimiento de Rodríguez, un alto oficial militar boliviano sugirió que ayudemos a resolver el problema de los misiles. Pidió a cambio que le proporcionáramos a Bolivia varios camiones Ford grandes, que eran útiles para el transporte de tropas y equipo. Estuvimos de acuerdo. Más tarde, solicitó un pago para los militares, no para él, en reconocimiento de la cooperación de Bolivia en el amplio frente antiterrorista. La compensación debía ser en lugar de los camiones y utilizada para el equipo necesario. Esto fue concretado. Creo que Rodríguez fue informado en general sobre esta iniciativa, pero probablemente no en detalle. Los contactos de la embajada fueron con altos funcionarios de defensa y militares. Lo que está claro es que Rodríguez no sabía el momento de la transferencia del misil o quizás incluso sobre la puesta en marcha de la compensación. Tal vez pensó que tendría la oportunidad de analizar el asunto en detalle. No lo sé. Lo que sí sé es que estaba fuera del país, en Brasil, cuando la transferencia fue efectuada. Para nosotros, este era un asunto operativo, una cuestión técnica, no un evento político. Asumimos que lo mantenían informado de lo que estaba sucediendo por parte de sus altos funcionarios de defensa y militares. Pero aparentemente ese no era el caso. Solo puedo concluir que su propia cadena militar falló en informarlo.

Mientras tanto, alguien en el ejército, me dijeron que era el ex comandante del ejército, César López, quien filtró información sobre la transferencia a Evo Morales y al MAS. Ellos fueron rapidos en pintarlo como un acto de traición. Los fondos estaban disponibles para los militares, pero nadie quería tocarlos, y el oficial militar que sugirió la transferencia de armas no quiso dar un paso al frente. Eso dejó a Rodríguez solo. Más tarde, Rodríguez se me quejó amargamente de que había estado en la oscuridad sobre los arreglos de misiles. Respondí que no era nuestra responsabilidad proporcionar los enlaces en su propia cadena de mando. Eso fue deshonesto por mi parte. Yo sabía que su sistema no funcionaba. En retrospectiva, lamento no haberle informado personalmente sobre los detalles operativos de los que tenía completo conocimiento su personal de defensa.

Después de las elecciones, cuando Morales asumió la presidencia, fue tras Rodríguez, y también fue tras los ex presidentes Mesa, Sánchez de Lozada, Quiroga y Paz Zamora. Presentó cargos contra todos ellos por diferentes cosas. No quería que quedaran competidores en pie. Pero todo lo que el podía pensar sobre Rodríguez eran los misiles. La política es un asunto sucio, y la diplomacia también puede romper también mucha vajilla. Cuando, como presidente, Morales me preguntó si Rodríguez sabía sobre la transferencia, le dije que sí. Ahora creo que el podría haber sabido solo en los términos más generales. O tal vez supuso que los misiles serían destruidos en Bolivia.

Cuando la prensa me preguntó sobre el papel de Rodríguez, dije públicamente que él estaba entre las personas más dignas y honorables con las que había tratado en más de 32 años de servicio público. Quise decir eso. Esa fue una noticia de un día. Lamenté que no pudiera decir más.

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Cuando Morales era presidente, hubo una iniciativa de su ministro de Defensa, Walker San Miguel, para resolver la tensión mediante la recolección de los fondos que habíamos ofrecido. Le pregunté a Morales si podíamos manejarlo de esa manera, pero antes de que pudiera responder, su vicepresidente, Álvaro García Linera, negó con la cabeza negativamente, y eso fue el fin de aquello. Pero no para Rodríguez. Morales lo convirtió en chivo expiatorio. Esa es la forma en que Morales opera. Su persecusion de Rodríguez –para destruirlo políticamente– es lo único acerca de la transferencia de misiles, –que eestaba en los intereses de Bolivia asi como en los nuestros– por lo que perdí el sueño.

Aparte de ese incidente, que impactó en nuestras relaciones con Bolivia, recuerdo la presidencia de Rodríguez como un desafio para las elecciones. La carrera presidencial fue principalmente entre Morales, el ex-presidente Quiroga y un nuevo contendiente, Samuel Doria Medina, quien controlaba la industria del cemento y se había convertido en un factor político. La suposición era que Morales tenía tan altos negativos que podría ganar una pluralidad, pero que los otros dos, particularmente Quiroga, serían importantes contrapesos. Lo que no evaluamos correctamente fue la medida en que el público quería un cambio radical y el grado en que los aspectos negativos de Morales podían convertirse en positivos. Si el público estaba preocupado por su historia de bloqueo de carreteras y confrontación con el gobierno, había una cierta lógica en su decisión de votar por él: para hacerlo responsable de la gobernanza en lugar de bloquear el gobierno.

Morales realizó una campaña inteligente, se gun se reporta con la ayuda del partido de Luiz Ignacio Lula da Silva en Brasil. Las propagandas de los medios de MAS eran buenas. Los valores de producción fueron de primer nivel. Y, por supuesto, Morales fue en contra de Estados Unidos, del mismo modo que Quiroga intentó enfrentarse a Hugo Chávez de Venezuela, quien estaba financiando a Morales. Las elecciones fueron el 5 de diciembre. Esperábamos un resultado apretado, pero Morales ganó en una aplastante victoria histórica. El gano 54 % de los votos. No hubo necesidad de una segunda vuelta en el Congreso. Fue un estallido. Estabamos sorprendidos. Los datos de las encuestas, nunca buenas en Bolivia, no mostraron llegar una victoria de esta magnitud.

P: Las urnas electorales se estan cerrando. ¿Qué estabas pensando y qué estabas escuchando? ¿Estabas consultando con Washington?
GREENLEE: Sí, estaba en el teléfono con Washington cuando se cerraron las urnas y empezaron a aparecer los resultados. Estaba hablando con Tom Shannon, el secretario adjunto para asuntos del hemisferio occidental, y su principal adjunto, Charles Shapiro.

P: E inmediatamente después. ¿Qué hiciste?

GREENLEE: Bueno, se reconoció que el proceso que había comenzado con la expulsión forzada de Sánchez de Lozada en octubre de 2003 había culminado con la elección de Evo Morales, un líder cocalero, que se había deleitado en describirse como nuestra peor pesadilla. Él no era nuestra peor pesadilla, eso estaría en sus sueños, no en los nuestros. Su asociación con la coca ilegal fue un factor importante. Pero otro problema, realmente el problema de Bolivia, era que quería implementar políticas económicas, y las estrategias políticas que iban con ellas, que eran retrocesos de lo que no había funcionado en los años 60, 70 y principios de los 80. Él era el antiglobalista en una economía globalizada. Quería un control autoritario y central cuando los gobiernos exitosos del siglo XXI estaban presionando hacia abajo y hacia afuera a la autoridad de toma de decisiones. El quería nacionalizar las industrias privadas eficientes cuando la tendencia mundial era privatizar las industrias nacionales ineficientes. Habló de la “solidaridad” para atraer

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la inversión necesaria, cuando los inversores, incluso los inversores del estado soberano, buscan un retorno sobre su capital.

Hubo diferentes puntos de vista sobre qué actitud debiamos adoptar. Yo aboge firmemente por tratar con Morales. Pensé que había una manera de hablar con él sobre el problema de la coca, el principal escollo, y que teníamos que apoyar a la democracia en cualquier caso, y que Morales había ganado una eleccion democrática. Así que conseguí luz verde para reunirme con él antes de la inauguración. No habíamos estado en contacto con él durante el período electoral o antes de eso debido a sus lazos de coca y otras cosas que sabíamos sobre él. Pero era hora de cambiar, y Washington estuvo de acuerdo.

P: Cuando llegas directamente a eso, no hay alternativa.

GREENLEE: Correcto. Para mí no había alternativa, pero había mucho disgusto en Washington. Aquí había un tipo que había dicho cosas desagradables sobre el presidente Bush y los Estados Unidos. Y, por supuesto, los funcionarios de Estados Unidos habían dicho muchas cosas desagradables sobre él. Pero los verdaderos problemas fueron su curiosa y aduladora relación con Hugo Chávez y Fidel Castro y su historia de promover el crecimiento de la cosa que era convertida en cocaína. No había forma de evitar eso.

P: ¿Fue por casualidad puesto en una lista de vigilancia o algo así?

GREENLEE: Claro.

P: Entonces no se le podia entregar una visa…

GREENLEE: No. El no podia obtener una visa sin una exención. El fue visto como un tipo como Yasser Arafat, en un sentido. También lo fue su vicepresidente, Álvaro García Linera, quien habia estado en cárcel por actividades de la guerrilla. Hubo problemas de visas con muchas otras personas alrededor de Morales, también.

Miré esta nueva realidad como un desafío interesante. Unas semanas después de las elecciones, pero antes de su toma de posesión, le sugerimos a la gente de Morales que nos reuniéramos, y él fácilmente estuvo de acuerdo. Vino a mi residencia con el vicepresidente y nos sentamos a una mesa. Tenía a mi DCM y un oficial político conmigo. La reunión fue difícil, bastante tensa en realidad, pero en general positiva. Antes de comenzar, le presenté a mi esposa y nuera española y a nuestros nietos, que estaban de visita. Creo que una de mis hijas, Nicole, también estaba allí cuando él entró.

Le dije que ella asi como mi esposa eran bolivianos. Él solo asintió. Creo que estaba bastante incómodo. Le dije que nuestra relación dependería de un par de cosas fundamentales. En tono, era esencial que dejara de insultar a mi presidente y a mi país. En esencia, tuvimos que encontrar una manera de abordar el problema de la cocaína. Por supuesto él, tenía su propia agenda, pero donde llegamos fue que deberíamos pasar la página, tratar de movernos adelante. Creí que era un buen comienzo.

Luego, más tarde, estaba el asunto de la inauguración. ¿Quién debería venir de Washington? Al principio, la idea era que solo yo debería representar a los Estados Unidos. Pero lleme a Tom Shannon y le sugerí que hiciera el gesto y viniera. Dijo que había estado pensando lo mismo. Y asi, eso es lo que sucedió. La noche anterior a la inauguración, a fines de enero, Tom y yo nos reunimos con Morales y García Linera. Fue otra reunión buena, mucho menos tensa que mi partida inicial con Morales. Pensamos que podría haber una manera de construir una buena relación. Al mismo tiempo nos dimos cuenta de que Morales estaba comprometido con Chávez y

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Castro y que había muy poco espacio para lograr que las cosas fueran y hechas. Aún así, lo intentamos y yo, al menos, estaba esperanzado.

Morales sabía la valoración de la coca. Sabía, como saben todos los bolivianos, que la mayor parte de la producción de coca en Bolivia se va a la cocaína. Pero para él era un problema económico que conducia la realidad política en la que tenía que operar. Asiq ue, el hizo el argumento de que la hoja de coca era benigna, incluso buena para la humanidad, pero que la cocaína era mala, un producto que se consumía en los países desarrollados. Entonces, lo que se necesitaba era una mayor concentración en el bloqueo de los traficantes, en la interdicción y menos atención a la producción de coca, particularmente al cultivo de coca en el Chapare, su base política. Argumentó que podría haber un control “social” del cultivo. Cada familia estaría autorizada a una parcela limitada de coca y las agrupaciones, o sindicatos, restringirían el tamaño de otras parcelas. Era simple economía. El control de la oferta mantendría los precios altos.

Esta no era la política de la coca que queríamos, pero era la única con la que estábamos estancados. Nuestra DEA notó que había buena cooperación sobre la interdicción. Entonces ambas partes podrían decir que hay un camino hacia adelante. Pero en el fondo todos sabíamos – y, nuevamente, todos los bolivianos saben– que más coca significa más cocaína. Bolivia, bajo Morales, esta retornando a ese negocio, sin importar cómo él y sus secuaces intenten disfrazarse.

En el lado político, nuestras relaciones se deterioraron rápidamente. Morales no pudo dejar de atacar. En parte, estoy seguro, fue su resentimiento personal, aun ocasionalmente avivado por inmoderados comentarios de Washington. El problema no era el Departamento de Estado. Pero sí, los comentarios indirectos, aquí y allá, le daban algo con que trabajar. Una vez, el Secretario de Defensa Rumsfeld, por ejemplo, dijo algo burlón sobre Morales en una visita a Paraguay. Jugó para la mano de Morales, no para la nuestra.

Morales buscó cualquier cosa que pudiera usar para demostrar a su base que éramos el enemigo y que él estaba “doblando nuestro brazo”. Una vez, un tipo de los Estados Unidos entró a Bolivia y supuestamente, tengo que tener cuidado con mi lenguaje, explotó un par de edificios, o partes de edificios. Hubo muertes y heridos. Morales acusó a los Estados Unidos de enviarlo para aterrorizar al país. La realidad era que el tipo había sido arrestado en Argentina por volar un cajero automático (ATM-Automated Teller Machine), y luego obtuvo una visa boliviana en la frontera con Bolivia, entro al país y siguió adelante para obtener una licencia de la policía para vender dinamita. Fui sobre esto con Morales, y el incluso me agradecio y me agradeció públicamente por la “aclaración”. Pero dentro de una semana volvió con sus acusaciones. “¿Por qué Estados Unidos siempre esta enviandonos terroristas?”, decía el. Morales vive en un universo paralelo.

Morales tuvo dos grandes iniciativas políticas. Una era la “nacionalización” de la industria de los hidrocarburos. El 1 de mayo de 2006 envió tropas a varias instalaciones de gas natural, haciendo un show de la implementación de una ley de nacionalización defectuosa. Era una ley que contaba con un gran apoyo popular, pero que virtualmente aseguraba que Bolivia no atraeria la inversión que necesitaba para desarrollar sus reservas de gas. La otra iniciativa fue la asamblea constituyente para reescribir la constitución. Morales afirmó que había logrado el gobierno pero no el poder necesario para elevar a Bolivia. Dijo que estaba encadenado por las leyes “neoliberales” que estaban plasmadas en la vieja constitución. El necesitaba una nueva. Pero al impulsar la asamblea, creó tensiones regionales. Los departamentos orientales, donde estaba el gas, querían una mayor autonomía, no una mayor centralización. Ese agosto, la asamblea constituyente tuvo un inicio ruidoso y produjo solo disensión.

Del lado norteamericano, aunque Morales continuó atacándonos, mantuvimos la puerta abierta para mejorar las relaciones. Queríamos que Bolivia continuara teniendo libre acceso a nuestro

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mercado, a través de la Ley de Preferencias Arancelarias Andinas y Erradicación de la Droga (ATPDEA), pero esa legislación estaba a punto de expirar. Después de que salí de Bolivia, se extendió y luego se extendió una segunda vez. También mantuvimos sobre la mesa la posibilidad de una asistencia considerable para el desarrollo de la infraestructura disponible a través de la Cuenta del Milenio. Pero Morales continuó siguiendo la dirección de Chávez. Le entregó el país a la influencia venezolana. La economía mundial estaba en auge. Bolivia se estaba quedando atrás.

Estos fueron algunos de los puntos de referencia durante mis últimos nueve meses en Bolivia. Deje la embajada con la pena de no poder hacer más para reforzar una relación bilateral que se había vuelto demasiado unilateral, pero que al final fue la relación que más necesitaba Bolivia. Tomará años para que la revolución social que Morales esta tratando dirigir se consuma. En el lado positivo, Morales ha demostrado que un boliviano de cualquier etnia puede convertirse en presidente. En el lado negativo, él ha encauzado al país más pobre de América del Sur a una ideología derrotada y ha profundizado las divisiones en el país que él podría haber unido.

P: David, una última pregunta. Cuando retornaste, en septiembre del año pasado (2006), algo que siempre me ha interesado es la falta de interés en bombear a las personas que han estado en un lugar como Bolivia. ¿Alguien se sentó y le habló sobre sus experiencias?

GREENLEE: Bueno, yo era un reportero bastante consistente y exhaustivo. La embajada era una muy buena embajada informante. Hubo mucho análisis posterior de acción, “lecciones aprendidas”, y asi en adelante. Tenía buenas relaciones con el Departamento [de Estado] y con el secretario asistente, pero nadie, excepto usted, me hizo este tipo de preguntas.

P: Sí. Quiero decir, esto es por supuesto, lo que estamos haciendo, porque no hay una cosa institucional construida que me parezca una suerte de infortuna.
GREENLEE: Correcto, pero hay un registro escrito. Espero que algún día alguien lo curioseé.

P: Ok, bien David, creo que lo dejaremos en este punto.

GREENLEE: Gracias, Stu.

P: Y muchas gracias.

Fin de la entrevista

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