EEUU ESTUDIA QUÉ TIPO DE “ZANAHORIA” (INCENTIVO) NECESITAN LOS BOLIVIANOS PARA APLICAR REFORMAS INTERNAS

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UN DÍA COMO HOY, 11 de julio de 1950, a través de un memorándum de conversación secreto, el funcionario de la Oficina de Asuntos del Norte y de la Costa Oeste del Gobierno de EEUU, Spencer M. King, informó sobre una reunión que trató la asistencia económica a Bolivia.En dicha reunión participaron siete funcionarios estadounidenses del staff de las oficinas de asuntos interamericanos y de desarrollo económico.Este documento resulta interesante, porque muestra los distintos puntos de vista de los técnicos de Estados Unidos sobre la realidad económica boliviana y su escepticismo en torno a la posibilidad de consolidar reformas internas. El punto de partida del análisis, planteado por J. Robert Schaetzel, miembro de la oficina del Secretario Asistente para Asuntos Económicos, es la dependencia de la economía boliviana respecto al precio del estaño. Schaetzel sostiene que Bolivia solicitó ayuda económica a EEUU para enfrentar una situación de crisis económica, aunque, a raíz de la Guerra de Corea —y del consiguiente incremento de los precios de algunas materias primas (como el estaño) — el país parece estar en mejor situación y “fuera de peligro”. No obstante, “esta salvación será tan solo temporal, a menos que se saque ventaja de esta oportunidad”, puntualiza Schaetzel, refiriéndose a los precios favorables del estaño.Por otra parte, el asistente en jefe del equipo de recursos económicos y seguridad, Harlan P. Bramble, trazó un cuadro de situación en relación al estaño, su consumo, abastecimiento, reservas y precio. Del conjunto de datos expuestos, destaca la afirmación en torno a que Bolivia se está beneficiando de los altos precios de este mineral, experimentando así un retorno a los días de bonanza de 1948-1949. Pero cree que esto no durará indefinidamente, puesto que “los productores están ansiosos por cerrar un acuerdo intergubernamental sobre el estaño, mediante el cual los productores holandeses y británicos probablemente aceptarían un precio más bajo que el del mercado actual, con la esperanza de forzar que alguna de las minas bolivianas quede fuera del negocio”. Bramble concluyó señalando que existe acuerdo en torno a la imposibilidad de establecer cuál podría ser el “precio justo” para el estaño boliviano.El resto de la conversación giró en torno a una pregunta de si un hipotético incremento de las recaudaciones fiscales de Bolivia, como consecuencia de un precio más alto del estaño, permitiría al país financiar un programa de desarrollo que pueda prevenir una nueva crisis económica cuando los precios del mineral bajen de nuevo. Spencer King manifestó sus dudas respecto a esta hipótesis, señalando que Bolivia ha solicitado que EEUU le preste el equivalente a un año de importaciones de alimentos y equipamiento (por un valor aproximado de unos $us. 18 millones) y que el aporte de entre $us. 10 y 14 millones que el país recibirá este año podrían permitirle que opere con un menor déficit. Así, probablemente Bolivia dispondrá de recursos suficientes para llevar a cabo un modesto programa de desarrollo; aunque esto dependerá, sobre todo, de que el país sea capaz de desarrollar una serie de reformas básicas en el campo de los impuestos, las prácticas presupuestarias, la administración pública y los acuerdos comerciales. A partir de estas consideraciones, el documento da vueltas en torno a si Bolivia necesita un incentivo (una “zanahoria” “a carrot”, en inglés), para impulsar un conjunto de reformas hacia el futuro. Al respecto, el asesor financiero y económico, Ivan B. White, muestra su escepticismo no sólo para el caso boliviano sino para América Latina en su conjunto. White argumenta que EEUU ha insistido en su política, de que para recibir ayuda un país tiene, en primer lugar, que ayudarse a sí mismo; sin embargo, EEUU se ha dado cuenta de que, en toda América Latina, es probable que “tenga que ayudar a los países a ayudarse a sí mismos”. Esta intervención ilustra, en gran medida, el tono mesiánico y providencialista asumido por el gobierno estadounidense sobre su papel en América Latina. White concluye afirmando, que a menos de que EEUU trabaje en generar esperanzas sobre una asistencia financiera adicional a gran escala, será difícil presionar para que la mayoría de los estados latinoamericanos afronten cambios en sus asuntos internos.Un dato interesante que aporta este documento es el análisis que se realiza en torno a los años de “prosperidad” para la economía boliviana (como proveedor de materias primas) durante la Segunda Guerra Mundial. Debatiendo en torno a la cuestión de si esta prosperidad significó una mejora en los estándares de vida para los bolivianos los analistas concluyen, que puede haber habido un moderado incremento en los ingresos pero para las clases urbanas; no así para las masas.Por otra parte, un indicador del nivel de conocimiento y control de EEUU sobre la economía boliviana surge cuando, durante la conversación, se hace referencia a la situación de la balanza de pagos en el país. Al respecto, Spencer King señala que los cálculos oficiales de Bolivia indican un déficit neto de casi $us. 20 millones durante la última década, pero que “un estudio reciente de la Embajada de EEUU en La Paz —en el cual se aplicaron ciertas correcciones— indica que el déficit de ese período fue sólo de $us. 900 mil”. En suma, el documento cierra señalando que no se alcanzaron conclusiones sobre cómo resolver “el problema de Bolivia”, pero que fue generalmente aceptado que en las discusiones futuras se debe estudiar qué tipo de “zanahoria” (incentivo) sería efectivo para que los bolivianos adopten cambios en su política interna para enfrentar los problemas del país. La otorgación de “ayuda económica”, junto con la asistencia militar, fue la mejor zanahoria (incentivo) que usó el gobierno de EEUU para lograr que Bolivia adoptara reformas económicas. Y cuando existía cierta oposición o rechazo a la aplicación de dichas reformas la suspensión de la propia “ayuda económica” se convirtió en un mecanismo de presión (palo).

Fuente: Foreign Relations Of The United States (FRUS), 1950, vol. II, Nº 391.

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