Compendio de artículos, conmemorando las luchas de la Mujer

In Bolivia, Principal

CONTENIDO

I. La abeja obrera. Seguir siendo mujer al hacer la revolución………………………………….Valeria Silva Guzman
II. Mujeres resilientes………………………………………………………………………………………….Esther Eunice Calderón Zárate
III. Entrevista……………………………………………………………………………………………………..Angelica Ponce Chambi
IV. Atreverse a preguntar: base para vislumbrar la omnipresencia del aborto……………Natalia Rodriguez Blanco
V. Entrevista ………………………………………………………………………………………………………Yolanda Calani Mamani

 

 

 

 

I

La abeja obrera. Seguir siendo mujer al hacer la revolución

Uno de los más vergonzosos errores de las y los ex marxistas, desertantes y resentidos autodenominados desde la conciencia intelectual como “maduros” es la ligereza de asumir al marxismo casi como sinónimo de machismo. Cuando una mujer feminista se define como marxista no faltan las feministas que la condenan como traidora, eurocéntrica o trasnochada; de la misma manera, cuando una marxista se define como feminista, no faltan los camaradas que la acusen de revisionista, posmoderna o pequebú. En efecto, durante el siglo XX se han construido fronteras falaces a causa de la enajenación generada por el mal manejo de las teorías que son en sí mismas libertarias.

El ocaso del siglo XX ha ignorado que Marx y Engels ya en el Manifiesto Comunista evidenciaron que el modo de producción capitalista dejaba la peor plaza en la sociedad a las mujeres, incluso en el hogar. Lenin lo tenía presente, sus camaradas más entrañables también. La revolución bolchevique se encargó de liberar espacios jurídicos, espacios familiares y espacios formales para las mujeres, en una sociedad que no dejaba de sentir el olor del zarismo.

El amor de las abejas obreras y la bolchevique enamorada, entre otras, son de las mejores proyecciones del alma de Aleksandra Kollontái (1872-1952), una de las luces más resplandecientes del comunismo revolucionario ruso y, en definitiva, del marxismo feminista. Es menester decir que ciertos camaradas varones de ese entonces sufrían de miopía en lo que respecta al apremio de revolucionar el “mundo de hombres” y convertirlo en un mundo también de mujeres; la avanzada intelectual al respecto, como no podía ser de otra manera, estaba vestida de mujer. Así, Aleksandra -de origen aristocrático y a pesar de éste- levantó la bandera de la liberación femenina estacándola en los intersticios de las leyes, del partido y de las familias, siendo una de las principales impulsoras del derecho al aborto, al divorcio y al salario igualitario como responsabilidades estatales, responsabilidades de un Estado revolucionario y comunista.

Aleksandra fue la primera mujer elegida en el soviet de Petrogrado y, posteriormente, la primera mujer en el mundo en fungir como embajadora. Su lucha desde la más rigurosa formación marxista y desde dentro del Estado jamás dejó de atender las necesidades de organizarse como mujeres y entre mujeres para hacer en la URSS una verdadera y profunda revolución, desde las entrañas. Lamentablemente, después de 1925 muchos de los alcances en contra de la privatización de las relaciones personales y de la enajenación del cuerpo propio fueron rifados en la reinstauración de la moral burguesa –el aborto en 1936, la homosexualidad en 1934-. La educación mixta, el adulterio y el divorcio fueron algunos de los elementos que fueron señalados como incómodos y que fueron modificados para aquella reinstauración. Su misión diplomática desde 1923 fue su forma de sobrevivir a las purgas de stalinistas. La amiga de Lenin volvió a Rusia después de la segunda guerra mundial y murió en su tierra a los 80 años, sin nunca dejar de confiar en la revolución bolchevique, incluso -apostaría- a pesar del dolor en el alma que le producían las fallas, los errores y las muertes injustas. Lo que es irrefutable es que permaneció firme y al servicio hasta el final.

Ser abeja obrera es pertenecer a la colmena. Ser abeja obrera es ser mujer. Ser abeja obrera es ser marxista y militante. Ser abeja obrera es asumir que camarada no es aquel, que a pesar de formación y de su militancia, es un canalla con su pareja, con sus hijas, con su madre o con sus hermanas. Ser abeja obrera es combatir la moral burguesa en la casa, en el trabajo, en el Estado y en la cama. Así eran las abejas obreras que aparecen en el libro de Aleksandra en los 20’s, así fue ella misma, así tenemos el deber de ser las mujeres del proceso de cambio.

Valeria Silva Guzman

Es marxista feminista.

Twitter: @ValeQinaya

 

 

 

II

Mujeres resilientes

Somos mujeres, somos diferentes. Las circunstancias han querido forjarnos y moldearnos, hemos sabido rebelarnos contra ellas y no buscar el camino más fácil: desistir, abandonar, dejar morir. Porque nosotras no somos producto de las circunstancias, sino que sabemos sobreponernos a ellas, mirar el cambio como algo positivo y no victimizarnos, como muchas veces lo hace ese feminismo que rima con pesimismo.

Somos mujeres, en nosotras radica el valor de la vida, la que entregamos como ofrenda y la que viene de nosotras. Hemos comprendido que luchar sólo por nosotras es egoísta e inútil, pues hay que luchar por todos y pensando en todos para liberarnos de la exclusión definitiva. Por eso somos conciliadoras, no creemos en las causas perdidas y respetamos la vida humana y de la sagrada naturaleza.

Somos mujeres, no somos perfectas y no nos santificamos. Tanto hombres y mujeres somos seres humanos, complejos, contradictorios muchas veces, y siempre susceptibles de fallar. Por eso no culpamos a los hombres de nuestros problemas personales ni de nuestros conflictos cotidianos. Luchamos cada día por ser mejores y cuando oscurece no estamos solas, la comunidad nos sostiene, porque desde nuestros abuelos somos chacha-warmi, varón y mujer, siempre juntos.

Somos mujeres y nos gusta nadar en contra de la corriente. Por eso denunciamos a aquellos y aquellas que en nombre de “la lucha por las mujeres” quieren imponernos modelos extranjeros que no van con nosotras, que lastiman nuestros cuerpos y eliminan de nosotras la posibilidad de producir y reproducir la vida. Esa lucha no nos representa a todas, y no tendrá resultado, porque quiere fulminarnos.

Somos mujeres, ni sumisas ni devotas del feminismo radical ni del sistema capitalista ahora pintado color mujer, que nos dice cómo vestirnos y qué color de bufanda debemos usar para “luchar” y lograr la aprobación social. Por eso no permitiremos que hablen en nuestro nombre las ONG’s, ni las transnacionales de la muerte, pues, no nos representan, por mucho que utilicen a las mejores actrices, y actores, para vendernos sus productos.

Somos mujeres, somos resilientes. No buscamos hacer caer a nadie, porque estamos para levantarnos en comunidad. No nos dejamos vencer ante los nuevos desafíos, mucho menos frente a aquellos que parecen más difíciles. Por eso, en este mundo de vértigo y hastío, de oposición completa a luchar por el más débil e indefenso, estamos dispuestas a vivir y dar vida. Sabemos que no todo está perdido, porque nuestra comunidad no está perdida y nosotras tampoco.

 

Esther Eunice Calderón Zárate

Politóloga, licenciada en filosofía e investigadora.

 

 

 

III

ENTREVISTA

P. ¿Como ha ingresado dentro del ámbito dirigencial?

R. Mi vida dirigencial empieza en el trópico de Cochabamba. Pero desde niña he acompañado siempre a mi padre, porque él ha sido también dirigente. Allá, en el trópico de Cochabamba había una necesidad de poder organizarse, y dentro de ello junto a mi padre he estado también caminando muchos años. Ya cuando llegué a tener trece, catorce años ya salí elegida como secretaria de Vinculación Femenina de mi sindicato. Como mujer así empecé haciendo vida orgánica, dando los pasos que se deben dar. Desde el sindicato he estado en la Central muchos años. La primera gestión he estado como cuatro años consecutivos; la segunda gestión estuve dos años y ya después entro en la Federación ‘Carrasco Tropical’ en el mismo trópico de Cochabamba. También salí elegida como miembro departamental del Instrumento Político en la Federación Departamental de Cochabamba; después ya también ha sido mi acenso acá a la nacional el año 2015 cuando hemos salido como su primer comité ejecutivo.

P. ¿Como mujer cuáles son las dificultades a las que una se enfrenta dentro de este ámbito?

R. En primer lugar, y mucho, es el tema del machismo dentro del hogar. Porque justamente hay veces que los varones no es fácil que te suelten y te digan organízate anda y prepárate para poder defenderte’. Digamos que en esa forma, el machismo ha sido uno de los puntos que más nos ha provocado para que la mujer pueda salir adelante con sus derechos y buscar los beneficios en su favor.

P. Hermana: ¿usted cómo se enfrenta al machismo que se ha ido presentando durante este tiempo?

R. Para mí no ha sido tan difícil, cuando empecé la dirigencia era muy joven y claro que para muchas hermanas que tenían sus parejas no era fácil pero también en ese entonces de donde yo vengo, la lucha era de todos: hombres, mujeres e hijos, entonces ya se me hizo un poco más fácil porque la lucha era de la familia en la defensa de los derechos humanos, en la defensa de los recursos naturales y de la hoja de coca. De donde yo vengo, el trópico de Cochabamba, no ha sido tan difícil para mí; es más siempre tuve mucho apoyo de mi familia, de mi padre, de mi madre, de mis hermanos. Hablando en términos generales y a nivel nacional para la mujer no ha sido fácil lograr su liberación total, aunque también hemos logrado que se aprueben leyes importantes, que hoy en la actualidad nos favorecen como género. Hoy por hoy podemos organizarnos plenamente a nivel nacional, así como en las federaciones regionales y federaciones departamentales. Hay una estructura nacional de mujeres que ya puede plantear incluso leyes y necesidades, inclusive puede hacer proyectos de ley que favorezcan a la mujer en todos los ámbitos; entonces ya tenemos parte responsable e incluso participación política, desde ser concejales en las alcaldías, asambleístas departamentales y nacionales. Gracias al hermano presidente ya tenemos un apoyo al género. En consecuencia, hoy en día el apoyo a la mujer está avanzando cada vez más, por lo que agradecemos al compañero presidente por darnos esa cobertura de poder que las mujeres antes no teníamos. Ahora nosotras también podemos auto sustentarnos y sostener a nuestras familias; pero el primer punto es siempre hacerlo mirando a la familia, que estén bien tus hijos, tu familia. Dentro de ese punto de vista es lógico que la mujer también tiene que aportar, pero para ello debe tener igualmente la capacidad de autoestima más que todo. Lo importante es que sepa salir adelante. En estos momentos de lucha tenemos que lidiar con varias cosas, con el tema de la discriminación, por ejemplo. En el tema de la participación política compartida muchas veces los varones se escogen así mismos como titulares y a las mujeres nos ponen como suplentes. Pero estamos luchando contra esa parte, porque ahora las mujeres podemos organizarnos, tal vez no en el cien por cien pero siquiera en un cincuenta por ciento, o quizá más; lo importante es que ya estamos organizadas las mujeres, por eso estamos dando lucha política para que nuestras compañeras vayan avanzando en el tema de las alcaldías y las concejalías. Sin embargo debo decir que hay todavía ese maltrato del machismo en la familia o dentro la sociedad misma, que no permiten que la titular sea una mujer. Esta es la lucha ahorita.

P. ¿Como considera usted que podríamos enfrentar el problema del machismo en la política?

R. Se están haciendo leyes contra el acoso político a las mujeres. La violencia, el maltrato psicológico, verbal y hasta físico han llegado a hacer mucho daño a nuestras compañeras porque son mujeres, en muchos casos no nos respetan. En ese sentido también nosotras estamos aportando en poder socializar este tema a nuestra gente, de que hay leyes que nos protegen. Nosotras tanto como dirigentes, y más que todo nuestras concejalas y asambleístas han trabajado estas leyes, que como dije tienen luego que socializarse para poder formar nuestras lideresas, y nuestras autoridades políticas como alcaldesas. Yo, con mucho orgullo, puedo decir que ahora se ve en los municipios a mujeres alcaldes, justamente donde yo nací, en la provincia Araní. Este municipio tiene a una mujer de pollera, entonces me siento orgullosa porque que ahora puedo decir que hay mujeres de pollera como autoridades en el trópico de Cochabamba. También podemos hablar de otros departamentos, que ya hay mujeres. Entonces se ve y queremos tomar más fuerza todavía, porque la mayoría del pueblo boliviano somos las mujeres. Este factor tenemos que tomarlo en cuenta. Creo que como nunca hoy tenemos la oportunidad que la mujer tome en sus propias manos las responsabilidades y los beneficios que se merece.

P. ¿Hermana como maneja usted el tema dirigencial y familia?

R. Es una responsabilidad múltiple. Justamente yo creo que nadie quiere estar en el zapato de la dirigente porque, para empezar, nosotros los dirigentes no ganamos sueldo y tenemos que quitar el pan de la boca de nuestros hijos para poder seguir organizándonos, para poder dar la autoestima a nuestras hermanas, que no es nada fácil. Pero como nada es imposible tampoco, por eso mismo hay una gran fuerza de voluntad desde la confederación sindical de mujeres interculturales de Bolivia para organizarnos con nuestros recursos propios, tal como hemos empezado y como lo hemos venido haciendo desde los años ochenta. En esa época éramos ochenta y dos las mujeres interculturales que ya estábamos organizándonos en nuestros sindicatos, pero no teníamos ningún apoyo económico de nadie. Ha sido con nuestros recursos. En ese entonces hay veces de nuestros maridos nos mantenían, y teníamos que sacar pues de las verduras, de los fideos, había que descontar pal pasajito. De esa forma nos hemos organizado las mujeres interculturales y hasta el momento seguimos en esa lucha. Ahora las mujeres ya podemos decir yo también voy a trabajar, entonces trabajamos y ya tenemos también. Ya también el gobierno nos ha dado la posibilidad de que nosotras en el campo tengamos nuestros títulos de los terrenos que sembramos, y de nuestros sembradíos ya agarramos recursos. Lo cierto es que esa posibilidad ya se ha dado de poder seguir adelante. Hoy mi persona no es solo una productora de la hoja de coca del trópico de Cochabamba, también y gracias a dios el hermano presidente nos ha dado nuestros terrenos y nos han titulado. En este momento tengo ya de donde poder sacar y no quitar el pan de la boca de nuestros hijos para organizarnos. De todas maneras ya hay el compromiso de la confederación y del comité ejecutivo nacional de seguir organizando a las hermanas interculturales a nivel nacional.

P. ¿Qué nuevos desafíos se van a presentar con miras a las elecciones de octubre?

R. Generar empleo para las mujeres en tema de reforestación, en tema administrativo hay mucho, es igualmente amplio el tema de conocimientos, al momento en producción. Por ejemplo en algunos lugares ya tenemos pequeñas empresas comunitarias de mujeres, y esto es ya un avance, tan grande, que no se veía antes. Pero hoy, la propuesta de la mujer intercultural desde la confederación, diría yo, es generar empleo para la mujer; incentivos para poder tener las pequeñas empresas comunitarias en tema de desayuno escolar,  podemos hablar incluso en tema de costura, gastronomía, producción; pues ¿ por qué no capacitar más a nuestras compañeras para que tomen el tema de las granjas apicultura, piscicultura, cítricos. Hoy por hoy, en algunos lugares ya tenemos plantas de cítricos para deshidratar las frutas, y ¿quién trabaja allí? La mayoría mujeres somos. Hay veces que decimos que el hombre es el más fuerte, que tiene que trabajar más duro, sin embargo dentro de las procesadoras está más la mujer. Creo que también nuestro hermano presidente se ha dado cuenta como la mayoría del pueblo boliviano, que a partir de ahora la mujer ya ha asumido el rol de poder llevar adelante también a la familia. Por ese lado, ahora nosotras queremos más incentivos, más capacitación, más técnicas en alimentación, para poder llevar a industrializar nuestra producción en tema de hortalizas, cítricos, pescado y avicultura. Eso quiere decir que estamos avanzando para prepararnos día a día. Lo único que yo rogaría a nuestras hermanas a nivel nacional, y a todas las mujeres de Bolivia, que esta lucha nadie pueda dejar hasta llegar a la victoria final. Es una de las luchas que se ha logrado posicionar, y estamos yendo paso a paso y no quiero que quede ahí, sino que más bien tenemos que seguir adelante y dando la fuerza correspondiente a las mujeres que vienen detrás de nosotras.

 

Angélica Ponce Chambi

Ejecutiva nacional de la Confederación Sindical de Mujeres de las Comunidades Interculturales de Bolivia (CSMCIB)

 

 

 

IV

Atreverse a preguntar: base para vislumbrar la omnipresencia del aborto

El año 2018, la sociedad argentina sufrió un traspié al no aprobarse la ley por la despenalización del aborto seguro y gratuito, perdiendo 31 a 38 votos en el congreso, cuyo debate había ganado gran respaldo a nivel nacional. Nuevamente, la fuerza conservadora que perdura en nuestras sociedades y los intereses de quienes manipulan nuestros valores pesaron más.

Rusia fue la primera nación en despenalizar el aborto en 1920, los países nórdicos en los años 30, seguidos por países de Europa occidental y Cuba en 1965. No es casual que sean los países latinoamericanos en los que menos haya prosperado este debate un siglo después, considerando los altos índices de violencia contra la mujer que prevalecen hasta hoy en nuestra región, así como tampoco es casual su relación con la influencia del catolicismo en este espíritu conservador.

Esto como antecedente a una temática actual que se ha hecho continental. En Bolivia, hace algunos años se abrió el debate por la despenalización del aborto, sin embargo, grupos de poder conservadores detuvieron el proyecto de ley. Habrá que retomarlo urgente y prontamente.

Pero, primero habría que debatir internamente, no solo con una misma o en pareja, sino entre los próximos, antes que llevarlo a la esfera legislativa. Hace falta tomar valor para indagar entre nuestro entorno más cercano: madres, abuelas, tías, primas, hermanas, amigas y colegas, preguntar de manera solemne y franca sobre los abortos que tuvieron, sobre su experiencia y las razones por las que lo decidieron y qué generó en ellas esa decisión y su proceso posterior. Así y también solemnemente, dejar reposar esa información tan cercana, real y palpable para recién emitir juicios y construir argumentos. Solo de esa forma se puede esperar la necesaria empatía para lograr comprender a cabalidad la amplitud del asunto.

Estoy por demás segura de que, si somos lo suficientemente valientes para preguntar, abiertos a la verdad de la otra, tendremos una visión más objetiva de la omnipresencia de la problemática. El aborto existe, incuestionablemente, desde tiempos inmemoriales, perdura y perdurará. Se abortaba antes con menjunjes de ruda y orégano, hoy se lo hace con Misoprostol, en el mejor escenario. Es una problemática que rebasa fronteras, estrato social, grupo etario, color de piel o apellido. Es innegable que son las mujeres de los estratos sociales bajos las que sufren predominantemente las peores condiciones de aborto; no obstante, las clases medias y medias altas también lo sufren, bajo sus propias expresiones estigmatizadoras. En América Latina, estadísticas actuales establecen que un 24% de las mujeres en edad reproductiva han tenido al menos una experiencia de aborto inducido (CIDS, 2015). Asimismo, estudios de la OMS estiman que 68.000 mujeres mueren al año en el mundo por abortos inseguros (OMS, 2004).

Tan solo sabiendo de la perversidad con la que atienden los médicos y clínicas clandestinas a diario uno puede saber el infierno que significa “resolver” desesperadamente el problema. Ojo que el embrión que una lleva en el vientre es producto de una relación sexual hombre/mujer –consentida o no– por tanto, los hombres no están exentos del debate y mucho menos de las responsabilidades que esta problemática acarrea. Ninguna mujer sueña con abortar, no es un proceso agradable por el que una quiera pasar. Es producto de una interacción de dos seres, pero es una la que carga con el resultado y, ante todo, con la culpa. El tictac tras tener el positivo a la prueba de embarazo aprieta lo suficiente a la hora de decidir y, en paralelo, indagar cómo y dónde interrumpirlo apresuradamente.

Así, se ha institucionalizado de tal manera la clandestinidad y la culpabilidad, que no es únicamente el médico empoderado por las circunstancias desesperadas en las que una acude a su “consulta” el que se involucra. Son también la iglesia que llevamos dentro y la sociedad las que condenan sistemáticamente lo anti natura de la interrupción voluntaria de la gestación, obstaculizando el acceso a información valiosa para interrumpir la gestación más dignamente. No solo son circunstancias económicas y familiares por las que una decide abortar, también lo son motivos profesionales, laborales, ideológicos, de salud, de proyección, en fin, decisiones personales profundamente trascendentes.

Incluso si una es lo suficientemente “privilegiada” para someterse a dicho procedimiento acompañada de la pareja o de una persona cercana, no se reducen los riesgos de una mala práctica (abusiva) en la que el médico se exime de toda responsabilidad ante el mero hecho de que no consta en registros… es clandestino. Si una no logra sobrevivir al procedimiento o si tiene sangrados, lesiones y dolores por los próximos 6 meses, no hay a quién acudir ya que el médico no responderá por sus acciones. Una sufre tratos crueles, inhumanos, degradantes y hasta de violencia institucional, además de contribuir a ese mercado millonario. Esa es la realidad a la que una se ve obligada producto de la penalización del aborto, la mercantilización de esta criminalización y los abusos que surgen de ese tipo de situaciones. Es así que una se dispone en la camilla sin tener la menor seguridad de que saldrá viva. Por ello, es vital despenalizar el aborto tanto para la mujer gestante, como para el o la profesional en salud que realice la práctica, a fin de evitar este tipo de nexos abusivos inherentes a la invisibilidad, inseguridad e ilegalidad de dicha práctica.

Por otra parte, pocos vínculos son tan sublimes como el que surge de una maternidad deseada –sin caer en el término planificada o de estar “lista” para ello–, en la que una decide ser madre y dar el debido respeto, amor y energía que esta relación merece por el resto de los días, con las diferentes variantes de maternidad como se pueda imaginar. Tampoco deseo desmerecer la relación que surge de la paternidad, sino más bien resaltar el derecho a una “hijidad” de la que todo ser humano debiera gozar: sentirse amado, cuidado, estimulado y no así culpado, maltratado o desnutrido ante el hecho de haber nacido producto de la culpabilidad y de la no interrupción de un embarazo en circunstancias adversas.

Por tanto, escribo convencida de que más niños felices harán una sociedad más justa, más clara, más consecuente, más responsable y menos desprovista de valores y así mismo, son resultado de ella. Decidir criar a un ser humano y buscar las condiciones para hacerlo no puede ni debe resultar de castigos, de tabús, de la negación de nuestros motivos. Esa decisión debe ser propia y consentida.

Abundan quienes argumentan que las mujeres debieran pensar y cuidarse antes de embarazarse y/o andar de activistas Proaborto. Son innumerables las historias de mujeres chantajeadas por sus parejas para consentir no utilizar preservativos por la diferencia sensitiva que a ellos genera. Por otro lado, los anticonceptivos fallan e, incluso, los métodos de pastillas e implantes generan drásticos cambios hormonales y físicos para las mujeres que los utilizan. Una vez más, la carga recae en ellas. Los hombres abortan diariamente al no aceptar su paternidad, no hacerse cargo de su hijo, al no pasar pensiones o al abandonar a su familia. Es por eso que se necesitan más legisladoras y actoras políticas, en femenino, que promuevan políticas públicas en salud de educación sexual más profundas, con medidas de prevención, con proyección de abortos seguros, haciendo mayor énfasis en la utilización de métodos anticonceptivos masculinos.

Despenalizar el aborto no deviene en menos niños por nacer, en el declive de la demografía nacional, en que las mujeres aborten de ahora en adelante una vez al año, ni otras afirmaciones aberrantes de ese tipo. Es más, existen casos de países que tras haber aprobado la ley de despenalización disminuyeron los índices anuales de abortos y de las tasas de mortalidad; y es eso lo que tiene que quedar claro. Despenalizar el aborto no conlleva únicamente el aborto; conlleva la necesidad de plantearse seriamente una política pública que contemple la diversidad de variables de esta problemática. Legalizar el aborto implica reconocer que las mujeres son soberanas de sus cuerpos, que no es la iglesia ni el patriarcado quien decide cuándo ellas cumplirán el incuestionable rol de reproductoras; es aceptar que las mujeres somos tan reproductivas y productivas como queramos.

Finalmente, más allá de Provida o Proaborto, propongo la soberanía de poder decidir consciente, autónoma y libremente por algo tan fundamental como el devenir de un ser, sin el oprobio de la doble moral y censura, donde prime el concepto de voluntariedad y la deliberación se base en las verdaderas razones que son decisivas para las mujeres. Dicha soberanía está intrínsecamente relacionada a la dignidad ante la vida; al aborto como derecho. Para quienes se preocupan por la vida del embrión, diría que basta de hipocresías: la interrupción del embarazo temprano no se equipara, en lo más remoto, a la muerte de una mujer, quien incluso no siendo madre, ya es portadora de vida.

 

Natalia Rodriguez Blanco

Es intérprete, traductora y lingüista.

 

 

 

 

V

ENTREVISTA

P. ¿Cómo entrar en el ámbito de la política de dirigente?

R. Mi vida dirigencial comienza desde colegio. En tercero medio era presidente del centro de estudiantes de mi colegio; después, con la guía de mis compañeros mayores, he asistido a diferentes actividades en el municipio de San Borja, allí en el Beni. Luego he llegado el 2010 a La Paz como cualquier afiliada que llega a su capital, y desde ahí he venido formándome en diferentes escuelas de formación política, incluso había becas para escuelas de formación política con la Cloc- vía campesina, en la cual he sido parte. Entonces así he ido formándome. Ya en el 2013 me han delegado al instrumento político, también por la confederación de juventudes.

La verdad no ha sido tan fácil, pero he podido y se puede; por ej. ahora ya formo parte de la directiva, soy Secretaria de Juventudes, y es lindo compartir, trabajar, aprender de mis hermanas mayores, porque es así. Una no viene sabiendo, aprendes bastante y creo que ya me he formado y ahora estoy ejerciendo, incluso ya puedes opinar, puedes hablar cuando tienes conocimiento de las leyes. También he sido parte de la construcción del anteproyecto de derechos sexuales y derechos reproductivos, para ello hemos trabajado con IPAS en un anteproyecto de las mujeres interculturales sobre el aborto, todo eso y en diferentes áreas. Me encanta y me gusta lo que hago y ahora con todas mis compañeras me llevo súper. El anterior viernes hemos firmado un convenio interinstitucional para becas con la Cámara Departamental de Hidrocarburos y Energía, en la cual vamos a traer a nuestros compañeros, a nuestros afiliados jóvenes que quieran capacitarse más en lo que es la instalación de gas y energía. Nosotros queremos que los jóvenes se capaciten y se formen; pues es muy importante nutrirnos y adquirir más conocimientos; así también en la actualidad te desenvuelves, porque si no, no pasa nada como se dice .

P. ¿Ha sido difícil luchar con el machismo?

R. La verdad para las mujeres jóvenes todavía hay machismo lo digo porque yo he participado en una elección para candidatos era la única mujer y joven en mi sector, he ganado y lamentablemente el otro compañero ha entrado por dedo, algunas personas me han dicho que no tenía experiencia, que era muy joven mujer, pero hay compañeras que me han defendido no…  y por eso te digo todavía hay machismo., En algunos eventos todavía a las mujeres nos hacen a un lado, pero nosotros seguimos no nos vamos a dejar hay que seguir porque tememos leyes que hay que practicar.

P. ¿Cómo es la vida de una mujer política y madre?

R. Es un poco difícil, sobre todo en lo económico, porque si no tienes economía no puedes moverte. El día a día es difícil como madre, porque a veces llego tarde cuando hay reuniones porque tengo un niño, y solo le veo en las noches nomás. Pero también hay días en que me doy tiempo para él, porque sabes que el cariño y la atención es primordial para los niños, hay que darse modos y formas para estar con ellos, no todo puedes dejarlo también porque no estaría bien no…

P. ¿Qué les dices a las mujeres jóvenes que están entrando en este campo de la política?

R. Compañeras mujeres revolucionarias podemos, yo sé que siempre van a haber percances pero se puede salir adelante porque si te vas a quedar ahí y ya estás metido en esto te quedas; hay que estar vigente y siempre participando, activando en todo lado; formándote porque nunca es tarde para aprender, nutrirse de conocimientos de lo que son las leyes, los hechos de coyuntura y también visualizar los resultados, lo que está haciendo el cambio y las transformaciones nuestro presidente Evo. Quiero decirles, mujeres, que podemos y hay que empoderarnos de nuestros derechos. Querer es poder como quien dice y hay que seguir.

 

Yolanda Calani Mamani

SECRETARIA DE JUVENTUDES DE LA CONFEDERACION

DE MUJERES DE COMUNIDADES INTERCULTURALES DE BOLIVIA ¨CSMCIB¨

 

 

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