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El empuje integracionista de la región a inicios de siglo XXI, impulsado fundamentalmente por el eje Brasilia-Caracas-Buenos Aires (B-C-B) y los miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), tuvo su antagonista en la rearticulación regional de los países que aún mantenían gobiernos derechistas por medio de la Alianza del Pacífico (AP), bloque creado en 2011 e integrado por Chile, Perú, Colombia y México.

A partir de la fractura de eje B-C-B con la asunción de Macri en Argentina, la no ratificación por parte del parlamento brasilero de la entrada de Bolivia como miembro pleno del Mercado Común del Sur, el golpe de Estado en Brasil, y la suspensión de Venezuela del bloque; los países del MERCOSUR han iniciado un proceso de acercamiento acelerado al bloque del Pacífico. En abril de 2017 tuvo lugar en Buenos Aires la reunión ministerial MERCOSUR-Alianza del Pacífico, cuyo comunicado conjunto final señala: “la importancia de un sistema multilateral de comercio abierto, previsible, transparente, inclusivo y basado en reglas internacionales”[1]En esa instancia se constituyó un Grupo de Alto Nivel, con el objetivo de continuar avanzando en el acercamiento entre los bloques. La entonces canciller argentina, Susana Malcorra, resumió el evento como una instancia de “Compromiso con el libre comercio y el multilateralismo“.[2]  En julio del mismo año, en el marco de la Cumbre del MERCOSUR y Estados Asociados en Mendoza, Argentina, tuvo lugar el Seminario “MERCOSUR-Alianza del Pacífico. Una agenda positiva para la integración”.

El proceso de acercamiento a la Alianza del Pacífico por parte del MERCOSUR viene de la mano de un viraje más profundo, que incluye un posible acuerdo de libre comercio con la Unión Europea.[3] Con este giro del bloque sudamericano, la estrategia aperturista gana espacio e iniciativa en la región. El movimiento que está en marcha es el de una confluencia de los principales jugadores del eje atlántico y pacífico de América Latina en torno a las coordenadas del regionalismo abierto, es decir, la agregación de la escala del proyecto aperturista en materia de inserción internacional. Más cerca o más lejos, podemos estar ante un viraje continental inspirado en el espíritu de la vieja e insepulta Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA).

El Mercosur y la Alianza del Pacífico incluyen entre sus integrantes a las siete economías más grandes de América Latina, representan más del 80 % de la población del continente y más del 90 % de su Producto Interno Bruto (PIB)[4]. Si bien el MERCOSUR tiene mayor población y PIB que la Alianza del Pacífico, ésta última cuenta con mayor volumen de comercio exterior hacia afuera de la región,[5] indicando una mayor apertura comercial del bloque occidental. Según informa la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, el peso de las exportaciones intra-agrupación en el MERCOSUR es cercano al 13,9 %, mientras que en AP llega apenas al 3,5 % del total de lo exportado por el bloque, lo que indica una estructura de mayor complementariedad a la interna del MERCOSUR, en parte explicada también por una distribución territorial más compacta entre sus miembros.

El perfil de la inserción internacional de los países de la AP es notoriamiente más aperturista que el del MERCOSUR. Su asociación y dependencia respecto a economías de mayor tamaño también. El caso de México, la principal economía de la AP, es el más notorio, ya que integra un área de libre comercio junto a Estados Unidos y Canadá conocida como TLCAN (Tratado de Libre Comercio para América del Norte). Colombia por su parte cuenta también con un tratado de libre comercio bilateral con los Estados Unidos.

Mundialización y geopolítica del capital

En la naturaleza de la expansión capitalista está la eliminación de barreras para el libre movimiento de los capitales más avanzados detrás de recursos, mercados y la ampliación de la escala de la acumulación. El libre comercio ha sido la bandera ideológica de este proceso inherente al desarrollo del capitalismo a escala global. Pero solo se ha esgrimido la ideología librecambrista cuando los principales polos de acumulación ya tenían la suficiente potencia para quebrar otros espacios por la vía de la competencia. El despegue inicial de las principales economías industriales clásicas (Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Japón) se hizo a base de proteccionismo e intervención estatal.[6]

El dilema de la integración y la inserción internacional para América Latina lo encuentra en medio de una economía global en transición geoeconómica y reorganización de la división internacional del trabajo, fundamentalmente con el protagonismo creciente de China y el sudeste asiático a través de la producción de mercancías industriales a base de una competitividad fuertemente asentada en los bajos costos de su mano de obra.

Según CEPAL[7], mientras en 1985 el conjunto de exportaciones Norte-Norte representaban algo más del 60 % del total, y las exportaciones Sur-Sur, menos del 10 %; para 2020 se proyecta que los intercambios comerciales Sur-Sur superen a los Norte-Norte en el umbral del 30 % del total cada uno, reflejando un desplazamiento de los viejos polos capitalistas por nuevos espacios de acumulación, fundamentalmente los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica).

En la actualidad, a partir de los avances en materia de transporte, tecnologías de la comunicación y la información y las transformaciones en materia de automatización y robotización, los flujos de producción mundial se superponen con países y regiones a lo largo de todo el mundo. Las cadenas de valor de las manufacturas son transnacionalizadas en la medida que resulta conveniente la elaboración de determinados componentes del producto final en diferentes partes del planeta, ya sea por cercanía con los recursos, bajos costos de la mano de obra o presencia de importantes mercados.

Según Baldwin[8], estas cadenas se organizan a escala global en torno a tres “grandes fábricas”: la “fábrica Europa”, con centro en Alemania; la “fábrica América del Norte”, con centro en EUA; y la “fábrica Asia”, cuyo centro se ha desplazado de Japón a China. En estos tres polos se organizan las principales cadenas de valor para la elaboración de bienes industriales.

América Latina, con excepción de México y parte de América Central y el Caribe, opera fundamentalmente como proveedora de commodities y bienes de fuerte contenido primario para estos polos centrales de producción manufacturera. El caso de México es particular, ya que se encuentra directamente integrado al polo de EUA a través del TLCAN, como región ensambladora y maquiladora en el sector automotor, de electrónica y vestimenta.

El TPP (tratado transpacífico de libre comercio) y el TTIP (tratado transatlántico de libre comercio entre Estados Unidos y Unión Europea), expresan dos movimientos estratégicos del capital estadounidense para reactiviar el eje del Atlántico norte (TIIP) y el eje del Pacífico (TPP) sin la presencia de China y Rusia, formando una suerte de pinza por dos vías del eje Moscú-Pekín. Los países de la Alianza del Pacífico apostaron por ser la base latinoamericana del TPP, sin  embargo, el cambio de estrategia del Gobierno estadounidense con la asunción de Trump, cuyas derivaciones aún requieren ser analizadas con atención, los dejó en falso.

Encrucijada latinoamericana

América Latina representa una población de cerca de 600 millones de personas, casi el 10 % del total mundial. Es potencia energética, cuenta con las segundas mayores reservas de petróleo probadas a nivel mundial, con un 20 % del total, fundamentalmente en Venezuela. Es potencia agrícola, tiene más del 50 % de producción de soja, casi 20 % de maíz, 11 % de la producción de leche, y el 15 % de la superficie agrícola en general. Alberga además una de las regiones con mayor biodiversidad del planeta: la Amazonia, y un tercio de las reservas de agua dulce del mundo[9].

El avance de la escala de acumulación global y la creciente organización de la producción mundial a través de cadenas regionales de valor, obliga a América Latina a integrarse y promover su propio espacio de sostenibilidad productiva. Una inserción subordinada, pautada por el mero aperturismo, tal como se perfila en la confluencia entre AP y MERCOSUR, implica un retroceso sustancial en materia de soberanía y capacidad de disputar el espacio económico internacional.

A la estrategia que promueve el aperturismo sin más de nuestras economías y nos orienta a la profundización de nuestra inserción subordinada en la división internacional del trabajo, es preciso oponer una geopolítica desde los que viven de su trabajo, capaz de articularse en torno a un proyecto continental para los latinoamericanos. El mero proteccionismo nacionalista ya no es capaz de enfrentar la presión del proceso de mundialización capitalista y tal como plantea Serrano[10], una integración dirigida por y para los capitales latinoamericanos, estructurada en torno a las translatinas privatizadas, tampoco permite resolver el conjunto de desafíos que hacen a un proceso integrador, como la complementariedad productiva, la soberanía política y financiera y el desarrolllo de infraestructura.

La confluencia de los países del eje pacífico y del eje atlántico es la llave maestra de un proceso integracionista en América Latina. Si ese acercamiento está dirigido por las élites de la región, el horizonte no es otro que el de ser fagocitados en la geopolítica del capital.

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[1]Ver: http://www.mrecic.gov.ar/reunion-ministerial-mercosur-alianza-del-pacifico-comunicado-conjunto

[2]Ver: https://elpais.com/internacional/2017/04/07/argentina/1491590076_975735.html

[3] Martín-Carrillo, S. 2018. Quién gana y quién pierde en el Acuerdo Mercosur-Unión Europea. Disponible en: http://www.celag.org/fortalecimiento-las-relaciones-centro-periferia-traves-del-acuerdo-mercosur-union-europea/

[4]CEPAL, 2014. La Alianza del Pacífico y el Mercosur. Hacia la convergencia en la diversidad. Disponible en: http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/37304/S1420838_es.pdf;jsessionid=BB69AB63130219B3BA4 E403D69EEFF6?sequence=1

[5]Idem

[6] Wharen, P. 2018. Libre cambio vs proteccionismo. El doble estándar de los países desarrollados. Disponible en: http://www.celag.org/libre-cambio-vs-proteccionismo-doble-estandar-los-paises-desarrollados/

[7]CEPAL, 2014:18

[8] Baldwin, 2012.  “WTO 2.0: global gobernance of supply-chain trade”, Policy Insight, Nº 64, Centro de investigación sobre políticas económicas (CEPR), diciembre. En línea: https://cepr.org/sites/default/files/policy_insights/PolicyInsight64.pdf (acceso: 17-2-2018)

[9]CEPAL, 2014.

[10] Serrano, A. 2016. Apuntes sobre geoeconomía desde el sur 2015-2016. Disponible en: http://www.celag.org/apuntes-sobre-geoeconomia-desde-el-sur-2015-2016-por-alfredo-serrano-mancilla/